Archivos Mensuales: mayo 2011

La pareja de jóvenes rumanos

Son aún muy niños. Ninguno de los dos superará los veinte años. Sentados, como compañeros de viaje en mi autobús que me lleva a Madrid, parecen más adultos de lo que su juventud revela. Les espera un largo trayecto de tres días hasta Rumanía. Un largo viaje con trasbordos y mal dormidas, y no viajan solos. Les acompaña un bebé recién nacido, que no tendrá más de dos meses. El bebé está inquieto, hace ruiditos como si no pudiera respirar bien, está acatarrado y esto le impide conciliar su sueño infantil. El padre nos dice, “cuando no duerme llora”, en esa media lengua española que se les queda a los no nativos. Nos cuenta que allá, en su Rumanía natal, les espera otro niño, esta vez de tres añitos, que está siendo criado por su madre.

No quieren molestar a nadie, les incomoda lo que podamos pensar los demás viajeros del bus. Hacen todo lo posible para sofocar el inminente llanto del pequeño. Se miran con miradas cómplices, en las que encuentran valor y fuerza para continuar. Miman al pequeño, se lo reparten, le hacen mil carantoñas hasta que al final consiguen que se tranquilice y que no llore.

Hay algo tierno en la imagen, y hay algo sobrecogedor en los lucha de la joven pareja. En otros tiempos, en otras tierras, el ver a una pareja de jóvenes tener descendencia no era motivo de asombro. Allá en lejanos lugares, muy lejos de nuestra frontera, tener niños a edades tempranas no era, ni es, en algunos casos, otra cosa que lo esperado, la fuerza de una costumbre, la herencia cultural de la sociedad

Quizás en esos lugares y tiempos, no existía un plan de estudios prefijado, ni una carrera profesional previsible, que guiase la vida, no existía otra norma que no fuera la de vivir la vida, sobrellevando la adversidad sobre la marcha, en definitiva, la lucha era por la supervivencia

El paso del tiempo, y la “evolución” cultural de la sociedad, ha traído un orden, que para muchos y en algunos aspectos, no ha hecho otra cosa que aumentar la entropía del universo. Hemos ganado bienestar, vivimos en una sociedad en la que los avances tecnológicos nos lo ponen fácil, nos aligeran la marcha, nos evitan problemas, nos prolongan el periodo vital. Han sido muchos los esfuerzos para conseguir una sociedad como la que tenemos y lo hemos hecho entre todos, aportando nuestro granito de arena, pero esto no ha sido suficiente

Del objetivo inicial de supervivencia hemos pasado al objetivo de tener una experiencia vital llena de color y de sensaciones. El precio a pagar es esa contribución a la sociedad, que nos hace ser un poco esclavos de las sofisticadas herramientas al servicio del poder económico, nuestra mirada se ha transformado a la hora de tener una mirada selectiva hacia lo que nos rodea, en algunos aspectos, nuestra mirada ha distorsionado la realidad, haciéndonos creer que la bondad de las cosas es lo adecuado para uno mismo

Productividad, consumo, dinero, poder, productividad es el círculo vicioso en el que gira nuestra actual existencia. La inserción en el círculo se realiza en una sencilla etapa de escolarización a la que le sigue un proceso harto complicado de inserción laboral. Los que quedan fuera del proceso los convertimos en marginados, los de dentro, en un mero diente del inmenso engranaje de los círculos de poder. Y a veces, el progreso tecnológico está al servicio a la causa

Volvamos otra vez a la pareja, lo que sobrecoge es la dignidad con la que afrontan la vida. La vida les ha traído más vida y lejos de aprovecharse de esos avances tecnológicos han decidido tomar un camino responsable. Ellos no eran dueños de esas nuevas vidas, ellos no tenían la posesión de ellas, más sí el poder de cercenarlas en un proceso sencillo, indoloro, y sin testigos aparentes. Sin embargo, ellos decidieron no mancharse las manos y adoptaron la actitud de quien sabe responsabilizarse de sus actos

Y todo pasa, todo llega, con todo se puede

La vida es un don que se nos otorga. Es la más clara prueba de la existencia de algo extraordinario. Todos podemos ser alcanzados por él, pero no por ser universal es menos importante. No es un objeto, no es algo que se posea. Sino, que somos un instrumento para la vida. No es algo ligado sólo a la mujer, ella por sí misma no podría conseguirlo, sino que es fruto de un acto de amor

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