La era del cambio I. La sociedad sin prejuicios

No hace demasiado tiempo que nuestro pensamiento sobre el mundo físico estaba basado en teorías geocentristas. En aquella época una de las hipótesis más extendida era creer que el Sol giraba a nuestro alrededor.

Pasaron muchos siglos antes de que Copérnico, aquél polaco que en el siglo XVI propuso la primera teoría heliocentrista, manifestara que no éramos el centro y el origen del Universo, sino tan sólo un planeta más girando alrededor de su astro rey.

Si bien las cosas en sí mismas no habían cambiado, el cambio de concepto, el convertirse de la noche al día en un minúsculo eslabón, en una pequeñísima parte del total, y dejar de ser el protagonista de todo el tinglao, causó una verdadera conmoción.

Quizás nuestro cerebro sea un tanto egoísta, y nos pone a nosotros en primera persona,  como centro de nuestra existencia. Es un concepto básico, primitivo, si me lo permiten, cargado de razones fundamentales, porque no hay nada más básico y fundamental que la supervivencia.

O es más probable que nuestro cerebro funcione así, “de fábrica” y rellene esos vacíos de información, esas lagunas insondables que tenemos al albergar una cuestión sin resolver, esos espacios de dudas que surgen cuando “tenemos algo entre manos”, con el contenido que más nos favorece, ó quién sabe si con el que más nos aterra.

Pero aunque nos hemos alejado lo suficiente de la época de los taparrabos, y ya vestimos más elegantes, nuestro mundo sigue siendo egocentrista y prejuicioso… será que hay cosas que nunca cambian… yo, sencillamente, creo que no

Todo evoluciona.

Deberíamos avanzar hacia un pensamiento vacío de prejuicios, deberíamos reprogramar nuestro modo de pensar, sacudirnos los tabúes, las malas experiencias del pasado, las enseñanzas rancias y caminar con alforjas más ligeras.

Quizás si dejáramos de pensar bajo las pautas dadas por un modelo basado en hipótesis a las que nos aferramos como si fueran tablas de salvación ó cimientos de nuestros pasos, podríamos no ya ser peatones de la vida, sino corredores de fórmula 1. Quizás las hipótesis no sean el problema sino el modo en que nos agarramos a ellas.

Quizás si actuáramos como si no tuviéramos nada aprendido, sorprendiéndonos de los acontecimientos como si fuera la primera vez en la vida que los viésemos, quizás y sólo entonces, encontraríamos fórmulas nuevas para resolver problemas viejos.

Quizás si le diéramos una repensada a esas hipótesis de trabajo, y las echáramos al cubo de la basura para que no nos condicionaran, quizás y sólo entonces, nos daríamos cuenta de que las cosas no eran como pensábamos.

Bienvenido a un mundo nuevo en el que todo cabe. Podemos ser tan grandes como lo que queramos ser.

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Acerca de marisoltabuyo

Ingeniera, Consultora, Profesora, estoy a mitad de camino de convertirme en Psicóloga. Soy una auténtica generadora de ideas, resolutiva, proactiva y me gusta escribir (yo me digo, pseudoescritora)

Publicado el septiembre 14, 2011 en Economía, Empresa, Reflexiones, Sociedad y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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