Archivos Mensuales: diciembre 2011

El diputado moco del Señor Cayo

      Ya entrando en el frío invierno de aquellas heladas tierras, el Sr. Cayo, célebre personaje, de carácter fuerte y frente, que no mentalidad, ancha, se cogió el constipado de su vida. Sucedió como sigue. Estaba tranquilamente en el calor de su hogar redactando un importante discurso que tenía que leer en unas Conferencias en las que participaba un gran elenco de importantes figuras del panorama nacional. Hacía años que esperaba ese momento, y sabía que le tocaría, al fin, porque lo habían organizado de tal modo que el rebote caería justamente de su parte. Ese momento lo había soñado muchas veces, por fin su voz sería escuchada por todos, y aunque no sabía muy bien por qué, mucha gente le respaldaba, y no podía defraudar a sus seguidores.

El discurso tenía que demostrar lo mejor de sí mismo, sus conocimientos, su poder de convicción y su grandilocuencia. Sentado como estaba frente a la chimenea, viendo las maderas quemándose poco a poco, se acordó de Marx, sí, de los hermanos Marx y su célebre “más madera” y pensó que tenía que dar caña

Empezó a redactar, dirigiéndose al sillón de su despacho “Es Ud. un inútil que no ha hecho nada en estos años”, a lo que el sillón le respondió sacándole la lengua y preguntando con cara de estupefacción “¿qué se supone que tendría que haber hecho yo, si sólo soy un sillón?”

Y como estaba muy alterado, respiró hondo, tanto que una bocanada de aire frío entró por sus pulmones, helándole la sangre… y como tenía frío, pensó que hablaría sobre el cambio climático. Y como el frío da hambre, pensó que hablaría también de los pobrecitos del África, y como estaba de pié enfrente del sillón, pensó en los parados, y como no llevaba cinturón, se le cayeron los pantalones, y como había tenido el culo al aire hasta ese momento, se constipó.

Como estaba constipado, estornudó y el diputado moco del Sr. Cayo salió despedido para pegarse justamente en el papel que estaba escribiendo, en la esquinita derecha, donde había apuntado una cifra que había buscado en internét y que era importantísima para dar un toque “de ciencia” a un discurso “tan teórico”

Por fin, al día siguiente, el momento había llegado, era el momento de la réplica, era el momento en que debía lucirse y no iba a desaprovecharlo y dijo para la gloria de él, del moco y de todos sus seguidores… y mirando la cifra tras ese moco: “…se equivoca Ud. Sr. Yavoy, revise sus datos porque Ud. se equivoca”

Y con este sencillo gesto, salió henchido y satisfecho de su intervención. La larguísima conferencia aún duró unas cuantas horas más, pero él ya había cumplido, todas las horas de estudio y de reflexión habían servido, al fin, para algo

Protegido: CHINA SE UNE A RUSIA, ORDENA AL EJÉRCITO PREPARARSE PARA LA TERCERA GUERRA MUNDIAL | LA HORA DEL DESPERTAR

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La desenfrenada aventura de Pepe Bombín

Aquella mañana Pepe Bombín caminaba feliz de la vida por uno de los rincones del barrio húmedo. Era una mañana fría de Enero y se dirigía a su habitual encuentro con los compañeros de fatigas, de alegrías y de esperas del partido.

Mientras caminaba pensaba en la belleza de un mundo sin guerras, donde no existiera ningún ser humano que pasara hambre. Había visto muchos impactantes documentales de negritos del África, y tenía grabada en la memoria varios fragmentos que había visto en youtube de líderes pacifistas, Mahatma Gandhi, Malcom X, Luther King, que habían luchado por los derechos de los más necesitados, por los discriminados, por aquellos que eran pobres, por los derechos de SU gente

Había buscado esos libros en internet y San Google y su impresora habían hecho el resto. Ahora los llevaba cálidamente debajo del brazo, en aquella mañana fría del país

Admiraba profundamente a esos hombres, tanto como para querer “hacer algo”, algo que trascendiera su aburrida vida de hombre de provincias de tercera

Por un momento pensó, “no puede haber desigualdades en el mundo” “yo quiero que el mundo sea igual para todos” “hay que cambiar el mundo, yo quiero cambiar el mundo!”

Estando pensando en esto, se encontró con un charco y helado como estaba, empezó a patinar sobre él… el barrio húmedo es lo que tiene… Patinó, primero con el pie derecho y luego con el izquierdo, los libros que llevaba debajo del brazo salieron disparados hacia el cielo, movía los brazos como un autómata, pero todo esfuerzo era inútil ya que aceleraba con cada curva que cogía. Pronto le cogió el tranquillo y sus pies se acomodaron a la suave y deslizante plataforma y empezó a pensar que ésa era una buena forma de transporte. Empezó a patinar con soltura, y desenfreno, incluso disfrutaba porque tenía una gran sonrisa en la cara en el mismo momento en que ocurrió. Y ocurrió que se encontró con una pequeña chinita en el zapato, y que como le picaba el pie fue a rascárselo, y al agacharse le entró la risa porque veía todo al revés y estando en esa postura fue tal el costalazo que se dio que quedó tendido panza arriba viendo las nubes pasar

Estando en ese estado de semi-inconsciencia, y con la sonrisa boba en la boca, sentía que podía flotar, es más, que estaba ya en el aire, y que se veía como Coco en Barrio Sésamo. Pero como su personaje preferido era el reportero Gustavo, esa rana verde de la que estaba enamoradísima Peggy, pensó, que más que un monstruo peludo había decidido ser el que dirigiera el cotarro en el Barrio, y como le pareció poco, decidió que sería el jefe del municipio, y como aún le pareció escaso, lo sería de la provincia, y como por pensar no se pierde nada, y menos aún cuando se está en pleno vuelo, pensó que lo que quería era ser el jefe de la comunidad, y como tenía cierta ambición, que no consciencia, se dijo a sí mismo “¿por qué no?, ¡¡¡voy a ser el dirigente de la nación!!!!!

Y como seguía viajando por el espacio de las nubes se tropezó con una avutarda, y ésta le dijo, adivinando sus intenciones, y viendo peligrar su descendencia  “para hacer cambios hay que romper huevos” y él le respondió, “de eso no te preocupes, paloma, si es preciso, yo mismo partiré las pelotas a todos los españoles habidos y por haber

Y de hecho, así lo hizo, pero esa es ya otra larga historia

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