El diputado moco del Señor Cayo

      Ya entrando en el frío invierno de aquellas heladas tierras, el Sr. Cayo, célebre personaje, de carácter fuerte y frente, que no mentalidad, ancha, se cogió el constipado de su vida. Sucedió como sigue. Estaba tranquilamente en el calor de su hogar redactando un importante discurso que tenía que leer en unas Conferencias en las que participaba un gran elenco de importantes figuras del panorama nacional. Hacía años que esperaba ese momento, y sabía que le tocaría, al fin, porque lo habían organizado de tal modo que el rebote caería justamente de su parte. Ese momento lo había soñado muchas veces, por fin su voz sería escuchada por todos, y aunque no sabía muy bien por qué, mucha gente le respaldaba, y no podía defraudar a sus seguidores.

El discurso tenía que demostrar lo mejor de sí mismo, sus conocimientos, su poder de convicción y su grandilocuencia. Sentado como estaba frente a la chimenea, viendo las maderas quemándose poco a poco, se acordó de Marx, sí, de los hermanos Marx y su célebre “más madera” y pensó que tenía que dar caña

Empezó a redactar, dirigiéndose al sillón de su despacho “Es Ud. un inútil que no ha hecho nada en estos años”, a lo que el sillón le respondió sacándole la lengua y preguntando con cara de estupefacción “¿qué se supone que tendría que haber hecho yo, si sólo soy un sillón?”

Y como estaba muy alterado, respiró hondo, tanto que una bocanada de aire frío entró por sus pulmones, helándole la sangre… y como tenía frío, pensó que hablaría sobre el cambio climático. Y como el frío da hambre, pensó que hablaría también de los pobrecitos del África, y como estaba de pié enfrente del sillón, pensó en los parados, y como no llevaba cinturón, se le cayeron los pantalones, y como había tenido el culo al aire hasta ese momento, se constipó.

Como estaba constipado, estornudó y el diputado moco del Sr. Cayo salió despedido para pegarse justamente en el papel que estaba escribiendo, en la esquinita derecha, donde había apuntado una cifra que había buscado en internét y que era importantísima para dar un toque “de ciencia” a un discurso “tan teórico”

Por fin, al día siguiente, el momento había llegado, era el momento de la réplica, era el momento en que debía lucirse y no iba a desaprovecharlo y dijo para la gloria de él, del moco y de todos sus seguidores… y mirando la cifra tras ese moco: “…se equivoca Ud. Sr. Yavoy, revise sus datos porque Ud. se equivoca”

Y con este sencillo gesto, salió henchido y satisfecho de su intervención. La larguísima conferencia aún duró unas cuantas horas más, pero él ya había cumplido, todas las horas de estudio y de reflexión habían servido, al fin, para algo

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Acerca de marisoltabuyo

Ingeniera, Consultora, Profesora, estoy a mitad de camino de convertirme en Psicóloga. Soy una auténtica generadora de ideas, resolutiva, proactiva y me gusta escribir (yo me digo, pseudoescritora)

Publicado el diciembre 26, 2011 en Disparates, Economía, Humor, Política, Política-Economía y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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