Archivos Mensuales: febrero 2012

La pintoresca vida de Serafín Percherón

         Serafín Percherón era un hombre que provenía de un pueblecito perdido de la serranía de Cantabria. Sus modos sencillos y ligeramente apocados delataban su procedencia. Apenas sabía escribir, pero manejaba los pinceles como el más experimentado de los pintores renacentistas

Le llamaban el Leonardo de Talledo, ya que su maña como pintor de frescos había adquirido fama entre sus paisanos

Era un hombre práctico, como no tenía estudios para ponerse de maestro, decidió ponerse manos a la obra abriendo un negocio que difícilmente pasaría por ninguna recesión. Decidió hacerse enterrador. Además, pensó, es uno de esos negocios en los que el cliente no puede quejarse nunca del servicio. Puso un anuncio por palabras de pompas fúnebres, enmarcando con Mayúsculas y en Negrita la palabra fúnebre, ya que no quería que viniese Alfredo Nodoyuna, un compadre suyo, de toda la vida, a pincharle las burbujas, porque cuando te pinchan la burbuja, nadie sabe lo que puede salir de allí… igual hasta sales en el telediario, sentado ante un juzgado

Y se adentró en el bonito negocio de las funerarias, más por necesidad que por vocación. Al principio todo iba viento en “pompa y a toda pela” (o debería decir a todo euro, que es mucho más rentable, dónde va a parar!!). La crisis ya había llegado y sus clientes caían, del susto, como moscas y él, con su gracia y habilidad procuraba que llegaran al otro lado con buen aspecto. No quería que Dios los echara para atrás por estar malcarados, así que se esmeraba en su oficio

Pero un día llegaron los avances tecnológicos, llegaron en el AVE con la puntualidad garantizada a fuerza de devolverte el dinero, como en El Corte Inglés, y tras 55 minutos de viaje desembarcaron de sopetón y sin previo aviso, los más sofisticados desfibriladores, de diseño japonés, más pequeños y portátiles que un iPad, los fármacos más innovadores, y las enfermeras más lindas que jamás había visto. En definitiva, pese a que la población caía enferma con mucha más frecuencia, sobre todo la población masculina, ninguno de ellos estaba en disposición de marcharse a ningún lado

Como el negocio iba mal, pensó que sería una buena idea cambiar de actividad y se metió en el duro mundo de los graffitis, asociándose al grupo de los 15, que aunque pocos, menuda guerra daban

Cobraba poco, pero lo suficiente para sobrevivir

Los temas eran invariablemente los mismos, mostraban a la Esperanza encerrada en una urna, cual reliquia de santo, a un rosario Mariano en manos de una señora llamada Merckel, y a la virgencita Santa María en bata y rulos de maruja, rodillo en mano, en espera de una prima, con riesgo de estar borracha

7 años dibujando diablos con el semblante de Zapalpelo, producto estrella en las lápidas de la mayoría de sus clientes, y ahora tocaba ponerle túnica blanca y aureola en la cabeza, en vez de cuernos; ¡no entendía nada! y, como no se le daba nada bien… le echaron por incompetente, del grupo de los 15

Y como no tenía ya trabajo, Serafín Percherón, emigró. Se subió al avión, que no era ave de su gusto, en el aeropuerto internacional de Talledo y se marchó dando un portazo a, Cantón, gritando por la ventanilla, “ahí os quedáis, muertos de hambre, pelagatos y marchitos. Conmigo no contéis”

Y en Cantón, empezó una nueva vida, pero esta ya es otra larga, pintoresca y encantonada historia

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