Archivos Mensuales: septiembre 2012

Los parches de Segismundo

Segismundo es un personaje curioso dentro de la fauna de la ciudad. El mundo lo hizo ser así (de qué me suena esto?), más listo que un zorro, ya que se crió entre los más pillos de una barriada popular.

Un buen día decidió poner un negocio. Pensó: “si quieres hacerte millonario, ó te haces chino ó amplías tu mercado”… y decidió vender bicicletas, que fabricaba un primo suyo en un taller clandestino, con el que se llevaba muy bien. Entre los dos pusieron un buen precio, uno que cubriese los costes, que no eran muchos, y con unos márgenes comerciales que satisfacieran, con creces, su desmesurada ambición

Las bicicletas en una ciudad como Madrid, aunque no se lo vayan a creer Uds (oigan, esta es una historia completamente irreal, pero basada en unos hechos sangrantemente reales), se  vendían como churros. El secreto “ibérico”, no era la grasa entreverada en la deliciosa carne de cerdo, sino todo lo contrario, una musculosa capacidad financiera reflejada en unas fabulosas condiciones de cómodo pago en 18 meses, eso sí, con intereses de usura y una potente campaña de marketing. La campaña de marketing fue tan eficaz que las bicicletas dejaron de ser sólo para el verano y se compraban en cualquier estación. Pasaron a formar parte de la cultura del pueblo, tanto como la adquisición de viviendas en propiedad (propiedad del banco, ó qué se pensaban?).

Como se habían puesto de moda, todo el mundo, inexplicablemente, entraba de cabeza a por la suya. El mismísimo Fernando Alonso dejó de un lado a su Ferrari para usar la bici de modo exclusivo…cosas de los amores a primera vista! Hubo incluso algunos que se compraban dos, porque, ¡¡¡quién sabe por qué!!! , pero sospecho que con las vueltas que da la vida es mejor darlas sentado sobre un buen sillín y tener un back up por “si acaso”

Pues bien, llegó un momento en que los clientes empezaron a fallar. No. No es que se hubiera llegado a la maduración del mercado, no. Es que empezó a crecer de forma alarmante la tasa de morosos e impagados, tanto, que Segismundo tuvo que ir a quejarse a la presidenta de la Comunidad, pues sus ventas tenían carácter “internacional”, desde su perspectiva de gato barriobajero. Esto fue lo que consiguió:

Primeramente, la buena de la presi, le pagó, por anticipado, el precio de las bicicletas cuyos “propietarios” habían dejado de pagar. Dijo, “esto es gentileza de los madrileños, es que somos así de solidarios y no queremos que te arruines, Segis!

En segundo lugar, fue a buscar a los propietarios morosos, a los que, por de pronto, les quitó la bicicleta y se las devolvió a Segismundo. Y entonces le dijo, “ves, Segis, no pensarías que no íbamos a hacer “justicia”

A lo que Segis dijo, “sí, pero es que esta bici está usada y ya no la puedo vender por el precio inicial”. A lo que la presi dijo a los propietarios morosos, zarrapastrosos a los que había pagado la bici, y que, como no trabajaban no merecían ninguna consideración diferente de la de personal de limpieza de los campos y calles, y les dijo, “ahora les toca pagar la diferencia entre el precio inicial y el precio al que se podrá vender la bici

Y se quedaron todos contentos: Segis con la bici y con el precio de la bici (el que había pactado con su primo) en el bolsillo, la presi contenta porque no había perdido a uno de los empresarios más astutos del lugar (de esos que hay pocos…afortunadamente), y el expropietario con una deuda “más pequeña” que pagar.

Y como Segis era íntimo de Botín, se fueron contentos a comer en el Zalacaín

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