Archivos Mensuales: octubre 2012

El extraño viaje interestelar de Doña Viridiana Buñuel

Se vistió con su mejor traje de buzo de tal forma que su cuerpo era parecido al del muñeco de Michelín, pero con más cabezón. El traje de astronauta, parecía que le venía grande: en la Nasa no habían dado con su talla y no había habido tiempo de llamar a Amancio Ortega para que su equipo les diseñara la última colección de la temporada. Se quedó con las sisas a la altura de la cintura, el cuello camisero a la altura de las tetas, y el tiro a la altura de las rodillas. Doña Viri, que así le llamaban en la estación internacional, pensó: este traje es para algún mandinga, para que luego digan que el tamaño no importa…

Se puso a navegar en el espacio interestelar comprendido entre la atmósfera y el suelo de su amada Tierra. Y se encontró con miles de despojos. Su misión era investigar. Eran tantos, que se decidió por hacer una batida antes de analizar en profundidad cualquiera de ellos. Se trataba de miles de millones de material desconocido, pero que le resultaban de algún modo, familiar. No es que estuvieran en mal estado, como quien se deja olvidado en el frigo algún trozo de carne y se convierte en azul, ni tampoco era que quizás la fecha de caducidad hubiese vencido hacía semanas. No. No eran de ese tipo de desechos ó sí, quién sabe!. Quién sabe cómo fueron a ir a parar a ese espacio indefinido, ni tampoco nadie sabe el motivo por el cual se encontraban por allí, ni se sabe a ciencia cierta la respuesta que tendría Punset, y ya es raro esto, oiga… pues se saldría quizás por la tangente para explicar las bondades circulares del pan natural que no caduca ni se pone duro (qué pena, no?), ó hablaría en bilingüe con algún mega experto, de esos que tienen una RAM del tamaño de los Tera-Gigas de Mega Memoria medida en las unidades internacionales ó nacionales, como Uds quieran.

En definitiva, los despojos, desechos ó material en descomposición de la nebulosa del inter-espacio estaban por allí pululando, como a la espera. Era denso el tránsito interestelar, (que no intestinal, los Bífidus del Colon, del colon de toda la vida, funcionan, y vaya si funcionan). Los desechos iban y venían sin cesar. Bajaban y subían como pelotas de goma propulsadas cada vez que caían de nuevo al suelo de la Tierra. Se dio cuenta de que caían una y otra vez debido al efecto rebote de sus pelotas y así lo escribió en su Diario de a bordo. Con buena letra y con explicaciones a pie de página, explicaba el extraño fenómeno.

Decidió seguir a uno de ellos. Resulta que era de material noble, con doble esfera y cristal de zafiro, una mata de pelo a lo Justin Bieber, y una losa-pendiente que le colgaba, no de la oreja sino del cuello que le obligaba a andar zozobrando de un lado para otro, ya que su centro de gravedad se desplazaba sin cesar. No había forma de compensarlo ya que tenía una extraña supercabeza que no pesaba nada. Cuando caía de “huevo” al suelo, lo hacía estrepitosamente, cogía velocidad y la aceleración de la gravedad provocaba graves heridas, ¡¡qué razón tenía Newton!!

Al volver a subir, lo hacía de nuevo impulsado por la inercia de la losa y volvía al espacio interestelar hasta que encontraba un nuevo lugar donde rebotar y allá que se lanzaba.

Mientras tanto, en la Tierra, divisó que se disputaba un partido extraordinario. Las mujeres se habían puesto de acuerdo, quizás este hecho milagroso sólo ocurre cuando las féminas se ponen de acuerdo “entre sí”… es que nos han pintado de esta forma. Se les había ocurrido la feliz idea de jugar al pin-lota. El juego consistía en hacer botar las pelotas y mantenerlas el mayor tiempo posible, suspendidas en el aire. La propietaria de la pin-lota le ponía una marca, que consistía en una losa adosada al cuello, de magnitudes variables, con el Euribor, y de caducidad vitalicia, vaya, como las preferentes que están hechas a perpetuidad. Estas marcas de identificación funcionaban mejor que los microchips de identificación que se ponen a los perros, ya que donde estuviera la losa, allí se podía encontrar a la pin-lota.

Si bien la pin-lota podía pulular en el espacio, rebotar en las redes ó en el suelo Terráqueo, el partido continuaba y no importaba a dónde fuera, el caso es que siempre volvería… La Garantía de Fábrica ó lo que otros dirían Garantía de “Confianza” … Bancaria funcionaba así de bien.

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