El miedo escénico

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Hace muchos años que trabajo en entornos de muy alta exigencia. El mundo de la consultoría exige que te esfuerces dando no un 100% de ti misma sino, a veces un 120% ó un 150%. Es un entorno en el que los requisitos en tus capacidades intelectuales son elevados y muchas veces, y cada vez más, los requisitos en tus habilidades sociales y en tu aspecto físico también.

Se puede decir que se requiere de un profesional completo, con un alto grado de exigencia en su formación en estas tres facetas: intelectual, social y la física.

Es un entorno donde las reuniones de trabajo se realizan fundamentalmente a alto nivel. En mi caso concreto, he tenido mucha suerte, ya que estas reuniones de trabajo eran de pocos componentes, no más de tres personas, en las que era relativamente sencillo exponer de forma tranquila tu trabajo ó convencer al cliente de que el proyecto era interesante

Sin embargo, me habría muerto del susto de haber expuesto mis ideas a un amplio grupo de personas. Se me habría paralizado el corazón, se me habría congelado la sangre, me habría puesto mala, pálida, roja, verde, azul ó de cualquier otro color como, a veces, me pongo a la hora de enfrentarme a cualquier exposición sencilla en grupo. No obstante, uno se hace a todo, y he tenido la ocasión de poder superarlo cada vez que me he puesto delante de mis alumnos en los cursos de formación que he impartido a grupos de más de 15 personas

El miedo escénico es algo natural en la mayoría de los casos. El enfrentarse a una situación en la que hay una multitud de personas mirándote es incómodo. No sólo porque se percibe como un entorno hostil en el que estás en inferioridad numérica sino porque se percibe como una prueba que hay que superar. Sin embargo, cuando se convierte en patológico, puede estar escondiendo otros problemas más graves: traumas infantiles y de la adolescencia, configuración de la personalidad (p.ej. timidez, apocamiento), conductas adquiridas por aprendizaje vicario (modelos, y personas de referencia), niveles exagerados de auto-exigencia, ó sobreestimación de la opinión de los demás, infravaloración de uno mismo (baja autoestima), entre otros

El miedo provoca sensaciones de malestar: sequedad de la boca, bloqueo intelectual, temblores, náuseas, etc, la sangre se concentra en las extremidades inferiores preparando al cuerpo para la huída. Es un verdadero bombazo para el cuerpo y la mente, supone un auto-atentado contra la vida. Los miedos se generan, fundamentalmente, porque los procesos mentales hacen una representación ó mapa psíquico de la situación como “amenazante” de tal forma que todo nuestro cuerpo se pone a la defensiva. La presencia de multitud de personas representa una verdadera amenaza para el individuo con miedo escénico

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La naturaleza es sabia y nos ha provisto de un mecanismo de defensa excelente para evitar auto lesionarnos por esta causa. Me estoy refiriendo a la autoestima. La autoestima es un mecanismo cognitivo que proporciona razones suficientes para querernos. Es nuestro aliado a la hora de enfrentarnos al mundo  y a la presencia del otro. Nos proporciona el nivel de bienestar y de confort suficiente para poder sacar lo mejor de nosotros mismos, nos hace poderosos ante cualquier amenaza, nos brinda un escudo y una espada con los que poder luchar en defensa ó en ataque

Pero, … siempre hay un pero… muchas veces, nuestros niveles de autoestima están bajo mínimos. Es como si se hubieran agotado, en algunos casos, ó como si siempre hubieran estado bajos en otros ó como si, de golpe, alguien los hubiera vaciado. El problema de tener bajos niveles de autoestima radica en alguno de los siguientes tres factores:

  1. No nos conocemos bien. Este es un tema de percepciones, que influye sobremanera en los procesos de atribución e inferencia. Las personas tendemos a cometer errores en la percepción. A estos errores se les denomina “sesgos”. De esta manera, en muchas ocasiones tenemos el sesgo de creernos los mejores y los únicos en determinadas materias (sesgo de falsa singularidad), lo que nos proporciona una visión mejorada de la realidad de lo que somos. Por otro lado, también tenemos el sesgo de sobreestimación, que consiste en magnificar las percepciones haciéndolas aún más importantes de lo que son en realidad. De esta manera algunos perciben el mundo de sus propios errores, fallos y defectos como una verdadera pesadilla.
  2.  No sabemos valorarnos. Valorarse significa “ponerse en valor”, que no es otra cosa que saber ponerse en el lugar/en la escala que nos corresponde bajo un determinado criterio. Aquí fallan las dos cosas, primero el criterio bajo el cual nos valoramos, y segundo, la nota que nos auto-otorgamos (basados en nuestras percepciones ó en las percepciones de otros). Muchas veces este problema está derivado del anterior: al no conocernos, tendemos hacia niveles de autoexigencia que a veces son desmedidos (sobre-estimación) y otras veces son demasiado laxos (sub-estimación). Por ello el punto en el cual nos estamos encuadrando a nosotros mismos es sumamente importante. No podemos pretender ser Miss Universo cuando el cuerpo que tenemos no da para tanto, ni tampoco se puede uno comparar con Albert Einstein si no se dispone de un nivel intelectual a su nivel, por citar algunos ejemplos desmedidos
  3. No nos aceptamos y nos revelamos contra nosotros mismos. Al exigirnos estar dentro de unos niveles que no se corresponden con nuestra realidad viene nuestro rechazo. Es un problema derivado de los dos problemas anteriores, es decir, al no conocernos bien, nos valoramos bajo criterios que no se corresponden con nuestra realidad y al sacar baja puntuación no lo aceptamos, con lo cual, estamos en lucha contínua contra nosotros mismos. También podría ser que la falta de aceptación viniera de no saber aceptar nuestras propias limitaciones, es decir, que el individuo conozca que no es excelente en una determinada faceta, pero que sea incapaz de aceptar su limitación, con lo que se genera, de nuevo, una mala sensación

Podemos modificar el modo en que actúa la autoestima, ya que factores biológicos, socio-culturales y la voluntad actúan sobre ella. Un buen ejemplo de cómo la biología afecta al proceso de autoestima es la ingesta de bebidas alcohólicas ó de tranquilizantes y relajantes musculares, que provocan que tus procesos mentales no disparen de una forma intensa tus alarmas defensivas, y hacen que el nivel de consciencia sea menor (uno se cree el rey del mundo bajo los efectos del alcohol). Por otro lado, los factores socio/culturales (familia, amigos, profesores, compañeros de trabajo) también provocan que tu autoestima sea mayor (cuando se encuentra aprecio y reconocimiento) ó menor (si encuentras lo contrario). Por último, la voluntad, el temperamento, y otros rasgos de la personalidad  hacen que podamos llenar nuestros niveles de autoestima, en tanto en cuanto alcancemos los niveles de exigencia que nos hemos propuesto

El miedo escénico mina la confianza en uno mismo, es más, puede retroalimentar nuestra baja autoestima si, por ejemplo, el tener una buena oratoria es uno de los requisitos que nos auto-imponemos

En cualquier caso, la autoestima debe evaluar de forma equilibrada y ponderada todas las facetas que componen a un individuo: cuerpo, cabeza, corazón, espíritu.

La forma de recargar nuestros niveles de autoestima y de recuperar el equilibrio es siendo CONSCIENTES (vivir tus limitaciones sin mortificarte por ellas, aceptándolas y como dirían los americanos “take it easy”), teniendo CONFIANZA en uno mismo, en el poder y capacidad que uno tiene, contando con sus limitaciones, siendo RESPONSABLES de lo que uno es y de lo que uno puede y debe aportar a sí mismo y a la sociedad y por último teniendo VOLUNTAD para cambiar lo que queremos cambiar en uno mismo, centrándonos en aquellos aspectos que sean de mayor importancia y consiguiendo cambios pequeños y continuados en el tiempo, aplicando la filosofía Kaizen para conseguir buenos frutos

La autoestima de cada uno es el alimento intelectual que da energía a nuestras mentes, que nos permite enfrentarnos al mundo con la misma fuerza con la que los alimentos llenan de nutrientes nuestro cuerpo. Debes incorporar en tu dieta una buena dosis diaria de autoestima, haciendo cualquier actividad que te reconforte y que te llene de satisfacción, consiguiendo pequeños logros diarios y siendo conscientes de la importancia que cada pequeño logro tiene para ti.  Date un abrazo cada vez que lo consigas y si no lo consigues, date dos abrazos por haberlo intentado y para tener más ánimos y lograr superarte la próxima vez

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Publicado el marzo 8, 2013 en Reinvénta-T y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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