Archivos Mensuales: abril 2013

Islas de libertad

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Muchas veces me he preguntado por qué escribo en un blog. Las respuestas que he encontrado pasan, en la mayoría de las ocasiones, por la necesidad de expresar un sentimiento. Unas veces, simplemente, es por volcar mis pensamientos, mis formas de pensar y de ver la vida, que pueden ó no coincidir con la forma de pensar de otros y que por simple contraste, pienso que es bueno compartirlas. Otras, es por el sentimiento de verse útil, porque creo que he aprendido algo, por lo vivido, por lo estudiado, por haberlo sentido en mis carnes, por haberlo escuchado y haberme puesto en el lugar del otro para sentirme en su piel, por empatía. Es decir, por razones utilitarias, porque considero que tiene una utilidad inmediata la transmisión de las ideas

Pero, por más explicaciones que le dé, siempre llego a la misma conclusión: “escribir “, me hace sentirme bien

Llevo unos días meditando en la importancia de las artes en nuestras vidas. Es interesante la defensa a ultranza que realiza Sir Ken Robinson de las materias no científicas, sin desprecio ninguno hacia las que no lo son. El sistema de educación está condicionado a los resultados, a los objetivos que de él se quiere obtener

goalsLa verdad, TODOS nos orientamos a nuestros objetivos. Es lícito. Está en nuestra genética como especie, somos “naturalmente” así. Nuestra biología nos predispone a ello. Somos seres adaptativos que buscan la supervivencia, y nuestros objetivos, “teóricamente” nos deben llevar a conseguirlo. Pero, a veces, las cosas no son tan sencillas, y si bien, nuestro cuerpo responde a la premisa de perseguir nuestras metas (somos seres psicológicamente “motivacionales”), nuestros objetivos, si están mal elegidos, pueden conducirnos en sentido contrario a lo que marca la naturaleza

Un buen ejemplo de ello es el que se puede observar cuando se persigue el poder (esto no es malo, muchas personas tienen este objetivo). Lo malo es cuando éste se asocia con la posesión de capitales. El objetivo pasa a convertirse en una mera cuestión de cifras en una cuenta corriente. Y las matemáticas son simples y sencillas, las cuentas deben cuadrar, y si hay mucho en un lado es porque irremediablemente debe haber poco en otro lado

Pero, como es sábado y no quiero ponerme tensa con este asunto, no estoy por la labor de molestarme por cosas, “menores”. Y digo “menores” porque no están en mi mano el arreglarlas. Así que no nos desviemos del asunto de hoy.

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Al lío!!

. Estoy de acuerdo

Estoy de acuerdo en que las artes deben estar presentes en nuestras vidas. Deben estar tan presentes que todos y cada uno de nosotros deberíamos dedicarnos al menos un ratito todos los días a desarrollar nuestro yo más artístico

Si bien las materias científicas nos orientan a la productividad: aprendemos matemáticas desde bien pequeños y es básico aprender a medir; aprendemos química y con esto se nos enseña de qué materiales estamos hechos; aprendemos física y se nos enseña cómo poder interactuar con ellos; se nos adiestra en el funcionamiento del sistema social (geografía, historia, ciencias políticas), la jerarquía, los círculos del poder, las normas sociales para convivir en sociedad. Pero desde que la flauta deja de darse en los primeros años de escolarización, no se vuelve a retomar el tema de las artes, al menos no de aquellas artes que desarrolla uno mismo

Con las artes, dirán, es difícil “ganarse la vida. Y es verdad. Pero no hablo de ganarse la vida, sino de enriquecer la vida. Las materias que nos orientan a ser productivos en la sociedad están muy bien (recuerden que el concepto de bien/mal tiene apellidos, está bien/mal para algo, para una finalidad), nos ayudan a ganarnos la vida, nos introducen en el “circuito”, en ese círculo vicioso del mercado laboral que mueve a la economía. Las artes nos introducen en un círculo mucho más valioso, en el círculo de enriquecimiento personal

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Cuando uno dibuja, pinta, esculpe, canta, baila, escribe, cocina, diseña, ó produce cualquier cosa de una forma individual, genuina y única está produciendo productos que son fruto de su propio interior, que tienen el sello ó la impronta de uno mismo, sin otro fin que ése, el de producir “algo propio”. El de expandir el ámbito del yo hacia el exterior. Esos “productos” son parte de uno mismo

Cuando uno es capaz de llegar “al otro” vía este canal y consigue comunicar y transmitir una idea, un sentimiento, una sensación, ó crea “algo nuevo” e interesante para otros ya no sólo la experiencia es enriquecedora para quien la crea, sino también para quien la recibe

Ambos objetivos, pensarán, no producen dinero. Muchas veces no, y no se persigue. Pero producen algo más importante que el dinero, producen un crecimiento interior que es imposible de conseguir cuando se producen “productos” orientados “al mercado”, ó cuando simplemente, se consigue cumplir con los objetivos de venta de tu empresa, es decir, cuando uno es parte del mecanismo de generación de dinero a través de la venta de productos de mercado (el objetivo de una empresa, a mi entender, siempre fue, únicamente, un objetivo de “generación de dinero”)

Cualquier actividad artística produce un salto cualitativo hacia la autorrealización

Por eso, sea lo que sea que produzcas, ¿un pensamiento? ¿Un boceto? ¿Una maqueta? ¿Una melodía? ¿Una tarta? ¿Una charla llena de ingenio? Simplemente HAZLO!

Te hace sentir bien, porque te emociona. Te hace ser mejor persona.

Te hace sentirte dueño de tu propio ser

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En busca de la emoción perdida

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Lejos de considerarnos a nosotros mismos como máquinas de producción, la finalidad última del ser humano, lo que realmente enriquece su vida y proporciona el gusto, la sal de la misma son las emociones. Sin emociones, todo sería aburrido. Sin la capacidad de emocionarnos, no encontraríamos la suficiente motivación para levantarnos de la cama a hacer nuestra tarea. Sin las emociones seríamos simplemente meros autómatas ó máquinas programables

Las emociones son tan importantes que no sólo marcan motivos para vivir sino que además logran movilizar la mayoría de los procesos de un ser humano

  1. Cognitivo. Son los procesos psicológicos que conlleva el pensamiento
  2. Motivacional. Aquellos procesos que se manifiestan en la conducta/comportamiento
  3. Neuro-fisiológico. Es el sistema endocrino, las vísceras, los órganos, etc que actúan como soporte del organismo, proporcionando energía
  4. Expresivo-instrumental. Es el sistema de comunicación con otros seres humanos, junto con la actuación motora
  5. Sentimental. Es el “poso”/estado en que nos deja la actuación, es su resultado final último en el individuo. Es el estado psicológico tras la valoración y contraste con el sistema de valores interno ó externo, p.ej: ira, orgullo, culpa, amor, etc

Han sido muchas las teorías que a lo largo de la historia han tratado de dar explicación al funcionamiento de las emociones. Tal es su importancia, que son las responsables últimas de casi (sino todas) la mayoría de las actuaciones y comportamientos del ser humano. Y ¿por qué es tan importante la emoción? Fácil: porque nos permite el acercarnos hacia aquello que nos produce placer y nos aleja (ó evita) de aquello que podría ser peligroso, amenazante, desagradable para nosotros. Es decir tiene un objetivo adaptativo, y un fin último que es el de la supervivencia

Ahí es nada

Sin embargo, vivimos en una sociedad en la que algo ha cambiado en el modo de vida, pues las emociones ya no son lo que eran

Tener emociones era un indicativo de “sentirse vivo”, de sentirse motivado para la acción (he aquí el componente motivacional de la emoción). Las emociones nos permitían discernir el camino por el que andar, de una manera clara, el que era el mejor para nosotros, el que nos acercaba hacia experiencias saludables y el que nos hacía huir de las desagradables (aquí se manifiesta su función de supervivencia)

Algo ha debido de cambiar en las emociones, pues actualmente hay comportamientos que nos llevan a la autodestrucción, más que al mantenimiento de la especie. Si bien existe un dicho en el que se postula que el hombre tropieza dos veces en la misma piedra, últimamente, nuevas investigaciones parecen confirmar que el hombre tropieza una y otra vez en la misma piedra

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Y es que es tal el nivel de inconsciencia social, que uno de los sistemas de control de la situación como es la valoración del contexto ha quedado anulado del proceso natural de la conducta humana

Una de esas investigaciones realizadas es la que estima que actualmente las emociones producen sensaciones de medio gas, es decir son “pseudo emociones”, emociones que, en su día, se denominaron “emociones frías” y que esto es debido a que el nivel de intensidad y la cualidad de la emoción se han distorsionado de alguna manera. El nivel de intensidad se mide por el grado de activación y la cualidad de la emoción por el proceso de valoración de la misma. En definitiva, parece ser que, se ha perdido cierta “calidad” en el proceso emocional, consiguiendo unas sensaciones poco “auténticas”

Y está bien traído aquí el concepto de “autenticidad” porque realmente, la autenticidad ó no de las cosas depende de un proceso de valoración (es decir, hay un componente cognitivo/pensamiento dentro de todo el proceso emocional)

Una de las teorías del proceso emocional y que puso en la pista a las que actualmente están en vigor y que son más vanguardistas, es la teoría de Canon, que allá por el año 1937 demostró, gracias a los trabajos de Gregorio Marañón que la emoción es una consecuencia de un proceso de valoración cognitiva, y como resultado de dicho proceso se producen cambios fisiológicos, tras lo cual se produce la emoción y el sentimiento (en el sentimiento también se presentan procesos cognitivos de valoración y contraste, como he indicado antes)

Gregorio Marañón (1924) hizo el experimento de inyectar adrenalina a 210 participantes en el estudio, de ellos una tercera parte manifestó experimentar “emociones frías”, es decir que las sensaciones físicas que experimentaron (alegría/temor) las describían como psedo-sensaciones,  no manifestaban sentirse alegres ó temerosos sino “como si estuvieran alegres/temerosos”. El componente de “valoración del contexto” (a través del pensamiento) era el que faltaba en sus experiencias emocionales, para hacer de dichas experiencias “auténticas experiencias” emocionales

Por poner un ejemplo más cotidiano: es la diferencia entre un bebedor solitario ó uno que bebe en compañía. La experiencia de euforia es diferente, las sensaciones físicas son las mismas, pero la valoración contextual es crucial a la hora de proporcionar una auténtica emoción

En la teoría de la evaluación /discrepancia de Mandler (´79) del proceso emocional, se postula que el proceso se lleva a cabo según los siguientes estados:

  1. Existencia de un estímulo relevante para el observador (depende de un proceso cognitivo)
  2. Una activación fisiológica e indiferenciada. Es un proceso de agitación que promueve a la acción
  3. Un proceso de evaluación cognitiva, que nos permite discernir la calidad de la emoción: si nos concierne ó no actuar, cómo de importante es que actúe, cómo de implicado estoy, etc. Este proceso de evaluación ó de “valoración” ó “appraisal” ha sido descrito a través de varias teorías, como la de Lazarus 1966
  4. Experiencia objetiva de la Emoción (dada por una respuesta a través de cambios fisiológicos, motores, y de expresión , que serán los correspondientes a la tipología de afrontamiento personal valorado cognitivamente. La respuesta podría ser introvertida ó extrovertida)
  5. Experiencia subjetiva de la Emoción. Es el sentimiento, consecuencia de una nueva valoración cognitiva

Vivimos en una sociedad en la que nos cuesta pensar. Es una sociedad acelerada, hiper dinámica, cambiante por segundos … para algunos. La búsqueda de satisfacción inmediata, relega la emoción a una cuestión de mera satisfacción fisiológica, ésta se ha convertido en un sucedáneo de las emociones “auténticas”. Las emociones tienen un componente que nos hace pensar, nos hace valorar el contexto, nos activa, nos mueve, nos proporciona sensaciones fisiológicas, nos hace emitir expresiones de comunicación (facial, por ejemplo, sonreímos ó se nos pone la cara larga), y por último y he aquí la parte más importante, nos hace emitir un “juicio de valor” sobre la propia experiencia (generando lo que llamamos sentimientos, que podrían ser p.ej. un sentimiento de orgullo, culpa, etc.)

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Si el amor es uno de esos sentimientos que más se busca, si la experiencia emocional del amor es un objetivo vital, ¿por qué nos limitamos a experiencias únicamente fisiológicas? ¿Por qué hemos eliminado de la experiencia vital “clave” de nuestra existencia la capacidad de valorarla convenientemente? En este sentido, el borrar a toda costa toda señal intelectual del “proceso emocional del amor”, y perdonen los aludidos, convierte a la sociedad, y en apreciación de la que escribe, en una de auténticos “descerebrados”

Las emociones nos permiten poner un rumbo claro a nuestros pasos. Cuando el proceso emocional está carente de uno de sus componentes básicos, nos convertimos en meros barcos que surcan los mares sin un rumbo, tan sólo guiados por las fuerzas físicas de la naturaleza, en una búsqueda continua de satisfacción corporal (fisiológica) que no acaba de llenar del todo porque proporciona tan sólo “emociones frías”, emociones que no tienen el peso del intelecto, que es el que valida dicha experiencia como buena/mala para conseguir nuestro objetivo, que no es otro que la búsqueda del amor

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