Los paños calientes de Teodoy Porelano

corazon-partido

Se encontró con la herida abierta otra vez. Ya era el tercer día en que sangraba por el mismo sitio. Su médico de confianza, una tal Dra. Mercky, de los laboratorios Mercky de toda la vida, le había recetado un tampón que tenía que colocarse por vía rectal

La verdad, a Teodoy Porelano, Teo para los amigos, le resultaba difícil ver la relación entre la herida abierta de la mano derecha, que se había hecho como consecuencia de jugar al canelo con su “primo” Zapalpelo durante siete partidos seguidos (anda, que ya son ganas), y la prescripción facultativa de la Dra. Mercky, sobre todo porque el tampón puesto a palo seco, sin anestesia ni vaselina, dolía bastante

Al tercer día, lo tenía irritado. El tampón no, claro, lo otro, por donde entraba. Y la herida no dejaba de sangrar y curiosamente se iba abriendo cada vez un poco más. Al día siguiente decidió volver a visitar a la Dra. Mercky para mostrarle que, lejos de mejorar, al asunto había empeorado y que “por sus partes” que aquella mañana ya no se ponía el tampón vía rectal porque la receta no funcionaba

La Dra. Mercky, muy tranquila, le preguntó que con qué mano se estaba poniendo el tampón. Teo, que era diestro le dijo que con la mano derecha. A lo que la Dra. le dijo que ésa era la causa del problema. Que mejor se lo pusiera con la mano izquierda, que no sangraba, aún, y que le recomendaba usar un tampón doble para recuperar “el tiempo perdido”. Además, añadió, y como el Pisuerga pasa por Valladolid, que se diera unas friegas en la mano, que cuanto más sangrara al principio, iría mucho mejor

Se le escuchaban los gritos desde el último piso de la finca donde residía. Los ojos se le salían de las órbitas y bizqueba de puro dolor. Un pié le dijo al otro que lo mejor era hacer un complot contra la mano izquierda. La oreja que estaba ojo avizor, avisó al cerebro y le dijo que le daba en la nariz que algo se estaba cociendo por allí, y no era “ese par de huevos duros de Espartero”. La mano diestra, que andaba suelta, daba puñetazos directos al estómago, como si la pobre úlcera tuviera algo que ver en el entuerto, y al fin el “corazón”, ay! ese pobre “corazón”, tras el tampón, quedó “partío” a la espera de que alguien lo remendara con un par de tiritas

La Dra, que era vecina suya, le escuchaba, pero hacía oídos sordos, pensó que eran cosas de “nenazas”. Los vecinos empezaron a recelar sobre los métodos salvajes de la doctora e iban ensanchando el esfínter, poco a poco, por si algún día ellos también caían en sus manos. Ya nadie se atrevía a cruzársela por los pasillos, y procuraban ser vecinos callados y no meter ningún ruido

Se habían acabado, por ahora y por tiempo indefinido, las fiestas en la comunidad, los memorables banquetes, los porretes y demás de media noche y las putas en limusina al amanecer. Aquello era paz, tanta paz que ya no sabían si estaban aquí ó en la paz eterna, lo que sí que sabían es que aquella herida, aunque no estaba curada, había dejado de sangrar

Anuncios

Acerca de marisoltabuyo

Ingeniera, Consultora, Profesora, estoy a mitad de camino de convertirme en Psicóloga. Soy una auténtica generadora de ideas, resolutiva, proactiva y me gusta escribir (yo me digo, pseudoescritora)

Publicado el mayo 13, 2013 en Disparates, Política-Economía y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: