México lindo… y la cultura …empresarial

Ref.Fuenlabrada
Hace muchos años me destinaron a un proyecto en México. La verdad es que fui a parar allí “de rebote”. Mi idea inicial era, aprovechando que mi madre había iniciado sus vacaciones en Perú, coincidir con ella allí. Así que, ni corta ni perezosa, se me ocurrió insinuar a RRHH que me apetecía un proyectito en Perú, si lo había
La verdad es que en una empresa catalana como en la que trabajaba, construida a sí misma, que contaba con poco más que un centenar de empleados, tener proyectos fuera de las fronteras nacionales (fronteras Españolas) era todo un reto. Sus proyectos estaban vinculados a grandes empresas españolas con presencia internacional (las típicas de los sectores de telco y utilities). Por bocazas, primero me quisieron dar como destino un proyecto en Panamá. Pero, y viendo los “aires” que se tomaba el manager, que en su primera conversación telefónica internacional empleó un tono agresivo, aún recuerdo su “ha quedado claro”, lo decliné radicalmente
El destino que me dieron fue México, donde un recién ascendido “individuo”, que compartía mi lugar de procedencia llevaba los proyectos de Movistar
El recibimiento allí fue más que bueno, y yo me sentía al principio muy a gusto. Con las dietas lograba duplicar mi salario. Me habían puesto en un apartamento enorme, compartido con otro consultor que estaba en el proyecto, en una finca en cuyo ático había dos piscinas, una olímpica y otra un mega jacuzzi tan grande como las piscinas medianas de cualquier polideportivo. Después de mis 10 larguitos diarios a las 06:30 a.m., desayunaba todos los días a las 07:00a.m. una fuente inmensa de fruta fresca de lo más variada. Después nos llevaban en taxi concertado hasta la oficina, donde entrábamos a las 09:00a.m. y ya no salíamos hasta la hora del almuerzo, para el que disponíamos de una hora. Por la noche, volvíamos a casa entre las 22:00h y el borde de la medianoche
Los mexicanos me acogieron muy bien, a pesar de que miraban mi culo con demasiado descaro, no era demasiado molesto, y les respondía con una sonrisa de complicidad. El que no nos trataba demasiado bien era nuestro jefe, por lo que me empeñé en “crear buen ambiente” sacándolo a comer con nosotros. Nosotros éramos sólo dos consultores, pero siempre venía alguien del cliente con nosotros

En las tareas del trabajo el equipo lo formábamos dos consultores senior a su servicio, haciendo las labores habituales de las administrativas de la empresa. En la mayoría de las ocasiones una labor que consistía en el copy-paste y retoque-réplica en power point de gráficos que se encargaba “el individuo” de copiar como imagen de otras presentaciones
Lo cierto es que allí “el jefe”, únicamente estaba haciendo tiempo y méritos. Ya le habían realizado una oferta para pasarse al cliente, pero se hacía de rogar para dar pie a una oferta mejor. Mientras tanto, se empeñaba en halagar al cliente entregando los documentos a 1 minuto del periodo de expiración de la fecha de entrega y hacía cosas tan ridículas como esperar tranquilamente en el puesto de trabajo hasta las 23:57h para enviar el email de turno. Lo sé, porque a nosotros nos tocaba “esperar” con él
Nuestra labor de “chicas de producción” llegaba hasta tal punto que incluso cuando llegaba la hora de volver a casa, incluso con los ordenadores cerrados, y metidos en el maletín, nos obligaba a abrirlos porque había percibido que un número dentro de un recuadro le parecía demasiado pequeño y era necesario aumentarlo un punto en su tamaño. Algo, que podía hacer él mismo, que tenía la presentación delante

IT-Eso
Llegó a ser tan desagradable su presencia en las comidas, que las personas con las íbamos llegaron a sugerir que no le invitáramos más. Las batallitas que contaba sobre sus estancias en los hoteles eran de auténtico psicópata. En casi todos los hoteles en los que se había alojado, se jactaba, de haber rellenado la hoja de reclamaciones: bien por ruido, por frío, por el estado del desayuno, por el botones ó por la presencia de una mosca, él encontraba el motivo suficiente para la queja
Allá donde iba desencadenaba la discordia. Se diría que era sorprendente que él mismo no se auto impusiera una amonestación a sí mismo por el mero hecho de su propia existencia. Quizás sí lo hacía… y por eso lo pagábamos todos

mcdowell[1]
En la primera semana, tras intentar socializarlo un poco y tras ganarme un montón de puntos por un análisis de escenarios que le había preparado en una magnífica hoja de Excel, le comenté que en el siguiente fin de semana necesitaba el coche porque iba a tener la visita de quien por aquél entonces era mi novio

Su comportamiento cambió radicalmente

Ahora era él el que se negaba a salir a comer y nos obligaba a trabajar en horas de comida, mientras él comía tranquilamente, delante de nosotros en la pecera donde estábamos

En mi caso, el seguimiento fue brutal. Espiaba mi pantalla del ordenador para que no tuviera abierto el correo no corporativo, con el que me comunicaba con mi gente. Controlaba quién, cuándo y la duración de las llamadas telefónicas que recibía. Y en vísperas de la venida de mi novio, me la jugó

Al principio del día me dijo que no me moviera de mi asiento porque iba a encargarme algo especial. Cada dos horas le llamaba para preguntarle si por fin podía decirme qué era aquello que quería, mientras a que a mi compañero le pedía las habituales tareas de copy-paste de power point. Llegó la hora de comer y yo aún no había empezado a hacer nada de nada. A mi compi le dejó salir a almorzar, a mí, me pidió que siguiera esperando. Se pasó la hora de comer y la situación seguía igual. Yo con hambre, él sin dar señales de vida

Me marché a comer más desolada que una ballena varada en la playa. Comí sola, a destiempo, y en un centro comercial donde la hora de comer se había pasado, y sólo pudieron ofrecerme un trozo frío de pizza. Y volví, porque me vino a buscar el taxista, y volví tan sólo para seguir calentando el asiento pues aún este individuo “no había decidido” qué tarea pedirme

Mientras mi compi trabajaba normalmente, y se comunicaba normalmente con el jefe, yo no hacía nada. Bastante harta, durante toda la tarde, y viendo que no cogía las llamadas de teléfono, le demandé reiteradamente una respuesta, esta vez por email, hasta que en la última ocasión le dije que “con él se había cumplido el Principio de Peter”, que es aquél que postula que “los trabajadores son ascendidos hasta el puesto en que más incompetentes son”. Esto fue lo más que le llegué a llamar. Aunque bien se merecía que le hubiera llamado “psicópata desgraciado” y otras lindezas de ese estilo, no llegué a faltarle de ese modo

Microsoft Word - Document11
Me marché al filo de la media noche, más conmocionada por no haber trabajado durante todo el día (como si hubiera sido por mi causa). Más desolada por marcharme de la oficina a las 23:30h, (porque ya no podía aguantar más allí), sin monedas ni tan siquiera para sacar agua de la máquina, sin cenar, sin haber recibido contestación alguna. Con una culpa enorme por tener que marcharme a mi casa porque tenía hambre y sed y porque no aguantaba más tiempo ese silencio, cuando debía de estar allí, esperando indefinidamente a que me dijera qué tarea era la que me correspondía para ese día no, para esa noche

Me volví a casa en el taxi, con el miedo metido en el cuerpo porque había llamado al taxista “a esas horas”, y en México DF la vida no vale nada y la noche es la noche. Y mientras estaba en el taxi, lloraba mitad por rabia mitad de miedo porque cualquier señal que el taxista hacía hacia otro compañero me parecía indicio de que algo malo podría ocurrirme. No iba rezando, como siempre hago, porque en aquél entonces no rezaba tanto, porque en aquél entonces pensaba que me encontraba por encima de todo aquello. Y no es verdad

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Yo sabía perfectamente que si me marchaba de la oficina sin haber trabajado durante ese día, podría suponer algún tipo de amonestación para mí. Él me dijo que me quedara, y no me quedé. Aunque era medianoche, aunque no tuviera monedas para sacar una triste coca-cola, aunque tuviera hambre por no haber cenado, aunque él no me había mandado ninguna tarea, si yo me marchaba a casa sin trabajar, SABÍA y ERA CONSCIENTE, de que alguna amonestación podía caerme

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Por eso, porque esa cultura era la que se gasta en esas empresas de consultoría y se graba a fuego entre las personas que trabajan allí, llamé al que era mi novio y le dije que NO COGIERA EL AVION. Porque, intuía la jugada que me esperaba al día siguiente

Al día siguiente a las 08:30 a.m. estando preparada para ir “a trabajar” me dijeron que entregara mi portátil, que regresaba ese mismo día a España porque “el individuo” había comunicado a RRHH que “yo no quería trabajar”

Ciertamente, esperaba que algo así pudiera pasar. Era tal mi concepto del trabajo que no me daba cuenta de que la jornada de trabajo tiene un límite. Que si llega ese límite en la hora, DEBES irte a descansar, habiendo ó no trabajado. Era tal el concepto que tenía en mi cabeza que pensaba que por no haberme quedado toda la noche esperando la tarea que debía realizar, iba a ser mi culpa y que algo muy malo (y merecido) me esperaba

Y esa CULTURA es la que hay que cambiar

Mi estancia de trabajo en México DF, la recuerdo siempre de la misma manera: Traumática y Absurda. Y cualquier recuerdo de la misma me hace pensar que en aquél entonces vivía en el loco mundo de los payasos

La forma de cambiar una cultura se realiza desde los cimientos de la misma. La cultura la hacemos todos

La fórmula de este cambio sólo es posible si se consigue hacer desde abajo hasta arriba

La cultura no es una entelequia, es un conjunto de normas, creencias, reglas de juego que marcan nuestro comportamiento. Es decir, es un ente vivo con alta influencia en los individuos y en toda la sociedad en su conjunto

Es un ente que es dinámico, que va evolucionando, que va imponiéndose por la costumbre, por la aceptación directa ó soterrada y que tiene una importancia vital a la hora de crear patrones de comportamiento. Los modos de comportamiento habituales se repiten por inercia y se transmiten sin manuales

Es completamente necesario empezar a pensar con un espíritu crítico, desde cada prisma individual. Ya que la cultura tiene la mala costumbre de ser aceptada por válida sin un previo exámen, y no todas las costumbres admitidas por el paso del tiempo son válidas

Es tiempo de ir avanzando poco a poco hacia una sociedad en la que cada individuo cuente y tenga peso específico dentro de la misma. Y esto sólo es posible si cada individuo es capaz de juzgar con una visión crítica, y clara el entorno en que se encuentra. Esto sólo es posible bajo las bases de una educación completa, abierta y firme. Es hora de crear una sociedad de individuos de primera categoría

La sociedad que debemos crear es una sociedad de individuos de primera categoría, no de personal “apto” para la obediencia

Quizás ya es hora de iniciar las bases para poder rebatir todos los principios que descubrió Peter y que demuestran que hay algo en la cultura empresarial que sencillamente NO FUNCIONA

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Acerca de marisoltabuyo

Ingeniera, Consultora, Profesora, estoy a mitad de camino de convertirme en Psicóloga. Soy una auténtica generadora de ideas, resolutiva, proactiva y me gusta escribir (yo me digo, pseudoescritora)

Publicado el octubre 13, 2013 en Empresa, Política-Economía, Reflexiones, Reinvénta-T y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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