La ley de protección natural

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Siempre he pensado que detrás del funcionamiento de cada ser humano está la Naturaleza velando por que se cumplan sus Leyes. La ley de la supervivencia de las especies (C. Darwin, s. XIX: “los procesos de selección natural no son innatos, nacen de la necesidad de sobrevivir”), es una ley cuyo objetivo es la protección (y mantenimiento) de la vida y está por encima de todas las demás leyes naturales.

Preservar la VIDA es la ley más básica. Existen otras leyes como la de hacer prevalecer ciertos caracteres que más de adapten a dicha supervivencia, ó, dicho, de otro modo, la de procurar el cambio necesario en los caracteres para lograr la supervivencia, pero esto es otra historia de la que hablaré en otro post (y, en todo caso, ésta es una ley derivada de la anterior)

Hoy quería centrarme en la forma natural con que la Naturaleza actúa sobre la especie humana, poniendo dos ejemplos muy sencillos

La superviviencia es la Ley de las Leyes naturales

La supervivencia tiene como principal objetivo el mantener al individuo en su integridad física y psíquica.

INTEGRIDAD FÍSICA

La integridad física está ligada al mantenimiento de hábitos saludables que preservan nuestro cuerpo de cualquier daño.

En este sentido, y poniendo un ejemplo, la Naturaleza actuó sabiamente, grabando en nuestro código genético (innato) una de las emociones que nos evita el perder esa integridad física, evitándonos el deterioro físico de nuestro cuerpo.

Somos lo que comemos. Si el cuerpo no recibe los nutrientes adecuados, el cuerpo se debilita. Si el cuerpo recibe alimentos contaminados ó tóxicos, el cuerpo se pone en riesgo de deteriorarse, enfermar ó morir. La emoción del “asco” (que es una emoción básica e innata) es la emoción que evita que nos intoxiquemos con alimentos perniciosos.

Es innata, no se adquiere por aprendizaje, pero sí puede “modelarse” ó más bien “reconfigurarse” a través del aprendizaje, (en un proceso de des-aprendizaje).

De pequeños, nadie nos enseña que debemos evitarnos ciertos alimentos, sin embargo, por su aspecto, por su olor, ó quizás por su sabor, nuestro cuerpo nos previene y nos abstiene de su consumo

En muchos casos, la mente hace prevalecer su ley frente a la de la Naturaleza

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La emoción del asco, después de un proceso de aprendizaje, como cualquier otra emoción puede “reconfigurarse”. Podemos aprender a consumir cosas que, en primera instancia, nos habían repelido. Nuestro cerebro “desaprende” en función de “intereses particulares” y reconfigura las emociones naturales a su favor. Es la cabeza (procesos racionales) la que impone su ley, sobre los códigos genéticos (innatos) del cuerpo. Los ejemplos que me vienen a la cabeza son los que todos conocemos: el consumo de alcohol (¿a quién le gustó el vino la primera vez que lo probó?), el tabaquismo (¿a quién le pareció saludable la primera calada?), el consumo de alimentos repulsivos, como el queso azul (¿Quién no ha puesto cara de asco al ver ese color verde-azulado del producto enmohecito?), etc… Ninguno de estos ejemplos de “alimentos” nos dieron “buena espina” en primera instancia. Sin embargo, tras un proceso de habituación, se llega incluso a desear su consumo, y en algunos casos, a ser “adicto” a ellos (el proceso de habituación reconfigura el modo natural de funcionamiento de nuestro cuerpo, “degenera” su funcionamiento, lo pone en un estado de “depravación”)

INTEGRIDAD EMOCIONAL

Respecto de la integridad psíquica/emocional, tenemos otras emociones básicas, que nos permiten mantener un estado natural de gestión de equilibrio en nuestras emociones. Un buen ejemplo son la empatía, y la emoción de la pena, que son básicas, y también son modelables por las fuerzas de la razón. Ambas están localizadas en las vísceras. William James, diría que hay circuitos que se activan (arousal), ante la presencia de imágenes que provocan estas emociones y que hacen que el cerebro actúe (appraisal) según una secuencia racional (modelada por el aprendizaje)

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Poner ejemplos claros ante este tipo de emociones me resulta un poco complicado. Así que, al igual que J. Piaget, (siglo XIX), que se basó en la experiencia observada en sus hijos, para elaborar todo un tratado perfectamente válido sobre el desarrollo cognitivo humano, yo, en mi humilde condición de estudiante de Psicología, pondré el ejemplo de una situación que ocurrió no hace mucho, también ocurrida en mi entorno particular, que sirva de apoyo a la teoría de cómo las emociones (cuando se mantienen en estado “de fábrica”) también preservan nuestra integridad emocional

Les pongo el ejemplo: Hace unos días pusieron unas imágenes en el telediario de las 15:00h en Antena3 Noticias [hago un inciso: hay que regular urgentemente los contenidos que se sacan en TV según las horas de emisión. El “previo aviso” sobre la crudeza de las imágenes sólo aviva la curiosidad del telespectador. Las agresiones son todo un atentado contra la integridad de las personas]. Las imágenes mostraban una soberana paliza que le estaba dando una chica adolescente a otra. Aquello fue salvaje. Una niña (de unos 13 – 14 años), tirada en el suelo, estaba recibiendo patadas bestiales de otra que le duplicaba en tamaño. La pobre gritaba por el dolor de los golpes, y sollozaba pidiendo que parase. Lo emitieron DOS veces en el corto espacio en que duró esa noticia.

Nuestras neuronas espejo inmediatamente nos presentan la realidad de tal manera que sentimos en primera persona los golpes, como si nosotros mismos fuéramos objeto de esa agresión. Empatizamos de forma inmediata y nos ponemos de parte del más débil de forma espontánea. En primera instancia esto le partiría el alma a cualquiera.

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Funcionamiento de las neuronas espejo

Sin embargo, con la suficiente dosis de agresión televisada (en todo caso agresión “percibida”, tanto en carnes propias ó ajenas), estamos CASI acostumbrados al tema (fenómeno de habituación, que, de nuevo, reconfigura el modo natural de funcionamiento de nuestro cuerpo). Nos hemos “familiarizado” de tal manera con la agresión, que nos resulta lo suficientemente “normal” como para no inmutarnos demasiado. Incluso, en alguna ocasión, y con el suficiente empujoncito “racional” podríamos encontrar hasta una justificación a la agresión (espiral de violencia) y pensar que “la chica se lo merecía”, por débil, por cobarde, por ser bajita, fea, ó morena… etc  Tenemos un arma poderosa para cambiar nuestra percepción de las cosas: se llama “cabeza”

En todos los manuales de psicología se prescribe que la mejor forma de afrontar una agresión es “no tener que afrontarla”. El cuerpo sabrá lo que hacer cuando ésta haga su aparición. El experimentar en carnes propias una agresión pone en peor posición a una persona que cuando sólo la visualiza. El visualizar una agresión pone en peor posición a una persona que cuando ni siquiera la ha visto nunca antes. Si esa persona es un adolescente, con una mente en desarrollo y en formación, el peligro es aún mucho mayor.

La escala del perjuicio en la agresión es esta:

Experimentar la agresión es PEOR que Ver la agresión

Ver la agresión es PEOR que No ver la agresión

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En este ejemplo concreto: la reacción natural que tuvo mi sobrina (tiene 13 años) al contemplar las imágenes del telediario fue la de taparse los ojos para evitarse el “mal trago”, al tiempo que gritaba “no quiero verlo” “no quiero verlo”, porque desde su entorno se la instigaba a verlo. Fue una reacción que su propio cuerpo le pedía hacer, era su cuerpo y la Ley natural la que le protegía.

Todos los demás, nos quedamos viendo “¿tranquilamente?” esas imágenes, porque era la curiosidad (motivación racional 100%), la que se imponía a la emoción de la empatía/pena (motivación visceral 100%). Nosotros estamos ya un poco “viciados” (a esto lo denomino “depravación” de la emoción: la expresión natural de la emoción quedó solapada por los intereses de la mente, quedó privada de su libre expresión). Mi sobrina, aún conserva el código natural que todos tenemos desde antes de nacer. Ojalá que le duren por mucho tiempo sus códigos “de fábrica” y no empiece pronto a sacar nuevas versiones más elaboradas y “deconstruidas” de sí misma!

“Los estados de depravación tienen su origen en estados de privación”

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La expresión natural de las emociones que poseen los niños no debería estar privada de su desarrollo natural. Deberíamos conservar intactos los modos de funcionamiento “de fábrica y evitar transfigurar lo que marca la ley natural en pro de intereses sociales, que no son más que el reflejo de unos “intereses racionales” encaminados al “control”, “supervisión” y “dirección” de la humanidad hacia el estímulo del consumo y generación de “riqueza” artificial (ésa que denominamos “capitales”)

Depravación
sustantivo femenino

Moralidad/integridad/degeneración. Estado o cualidad de una persona pervertida o corrupta Hay grados de depravación no recuperables.

Privación s. f.

1   Pérdida de una cosa que se tenía o se poseía, o se debería tener: privación de libertad.

2   Carencia, falta o escasez de las cosas que se necesitan para vivir.

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Acerca de marisoltabuyo

Ingeniera, Consultora, Profesora, estoy a mitad de camino de convertirme en Psicóloga. Soy una auténtica generadora de ideas, resolutiva, proactiva y me gusta escribir (yo me digo, pseudoescritora)

Publicado el marzo 23, 2014 en Psicología, Reflexiones, Reinvénta-T y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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