Archivos Mensuales: junio 2014

Manual para Navegantes del s. XXI (parte 2ª: AMOR)

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La carta incendiaria

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A duras penas te escribo, mi amor, estas líneas, que representan un auténtico símbolo de victoria sobre mi falta de memoria. Ya ves, Juan, que los años no pasan en balde, y yo te escribo a duras penas, aún a sabiendas de que es probable que ni siquiera tú podrás leerte esta misiva, porque ya tu visión no es la que era.

El caso es que ya se me olvidó el motivo por el que tenía la necesidad de escribirte. Recuerdo que lo último que te grité era que te pusieras el sonotone, ya que las papillas que te tomas, esas que han pasado a sustituir el buen trozo de jamón con chorizo que te metías para desayunar, se te estaban cayendo por la comisura de la boca.

Pero, mi querido, Segismundo, aún recuerdo los paseos que nos dábamos por el campo, a las afueras de la gran ciudad, lejos de los ojos indiscretos de mi marido. Eran tiempos en los que cualquier distracción me servía para evadirme de aquella vida miserable

Y creo que la vida que has llevado ha sido siempre a tu antojo. Los buenos lingotazos que te pegabas en la sobremesa, y que luego los dormías casi toda la tarde, que menuda calor es la que hace en el pueblo, Roberto! Y menos mal que me refugiaba en tus brazos, en aquel pequeño hotel con aire acondicionado y piscina, mientras Juan dormía la mona. No sabes lo que son 100 kg de peso en una tarde de verano a 40º

Ah, ya me acuerdo, mi amor, quería expresarte en estas pocas líneas lo mucho que me acuerdo de lo mucho que hablábamos sobre las restricciones en los gastos. Entiendo que el sueldo no da para más, pero ya sabes que los gastos mínimos son necesarios: La gasolina del coche, la comida, el buen vino, y los pequeños gastos extra. Pues de eso quería yo hablarte, que, como ya empieza el verano, quería comprarme un vestido y una blusa nuevos, ya sabes, esas cosas que nos solemos poner encima las mujeres en un verano caluroso…

(Este es un homenaje sarcástico y jocoso a todas aquellas mujeres que sacrifican la vida entera por sacar una familia adelante contra viento y mar-ido)

 

El opio del pueblo

Llama la atención los extremos en los que nos movemos en España. Por aquí somos gente de excesos. Nos gusta el ruido. Nos gusta un buen alboroto, tanto en bares, en mercadillos, en discotecas, en los rincones de las oficinas, somos personas que no paramos de hablar, y si se puede hablar mal, mucho mejor, porque no hay nada más eficaz que crear discrepancias para perpetuar el bullicio

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Últimamente, se habla del mundial de fútbol, y es probable que no dé para más, si no mejoran el rendimiento los de la “marea roja”, mañana, ante Chile.

Puesto que se habla mucho de la roja, quería sacar a la luz varios aspectos llamativos respecto del fútbol

 El fútbol no es “el opio del pueblo”

Esta desafortunada frase, que hacía alusión a la religión (“La religión es el opio del pueblo”, Karl Marx, 1844),

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se acuñó en un contexto político comunista con un determinado objetivo: sustituir la influencia que tenía la religión sobre el individuo por la influencia de una entidad más terrenal, “el estado”, para conseguir una fácil manipulación de las masas.

El individuo no debía atender más a las normas de Dios (las de su conciencia), sino a las normas del Hombre (papá-Estado). No entro en las consideraciones que esta estrategia me sugieren, pero sí entro en el símil futbolístico.

 

 

 

 

El fútbol forma parte de los deportes más universales creados por el Hombre. Por su diseño, por sus normas de juego, por la sencillez de su práctica es “el deporte” por antonomasia. Nada más fácil e intuitivo que dar golpes a un balón.

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Lo juegan hasta los niños que recién aprenden a andar, lo practican hasta los ancianos cuando juegan con sus nietos. No entiende de sexos. Se puede practicar en cualquier lugar, incluso dentro de un espacio cerrado. Dos personas pueden jugar, incluso una sola lo hace, si entrena sus habilidades con el balón.

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Por otro lado, el fútbol ha sido, y sigue siendo aún, un motivo de unión de los pueblos, porque aún conserva el espíritu de la deportividad. Es de las pocas cosas “limpias” que nos quedan… una actividad que no se puede comprar con dinero

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En el fútbol se gana o se pierde por méritos propios (y no sólo se ganan los partidos por fortaleza física, sino por juego en equipo, por estrategia de juego, por esfuerzo y aguante en el campo). En realidad, en la mayoría de los deportes aún ocurre esto. Otro ejemplo destacable, a nivel español, es el tenis, con Rafa Nadal a la cabeza, que se ha convertido en un referente no sólo para los jóvenes sino para todos los españoles, pues no sólo celebra sus triunfos porque bate récords, sino porque los celebra como logro del pueblo español, emocionándose cada vez que escucha el himno de España y llevando la bandera española allá donde quiera que vaya

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El fútbol, el deporte en general, no es un alucinógeno que narcotiza los cerebros, convirtiendo al individuo en un ser incapaz de tener voluntad propia. Yo no he visto mayor vitalidad en la afición cuando gana su equipo, nunca he visto mayor ilusión y empuje en hacer las tareas que cuando se gana.

¿Es que tener ilusión y alegría es estar narcotizado?

¿Es que por tener una tasa de paro del 26% debemos estar con caras largas todo el día?

Muy al contrario de lo que se piensa, un pueblo masacrado por una cifra de paro tan alta necesita estímulos para seguir adelante. ¿Y qué mejor estímulo que tener alguna victoria? ¿en algo?

¿Es que por tener un SMI “miserable” (cuidado, con las comparaciones) es motivo de llevar luto y de llanto de por vida?

Muy al contrario, el poder tener satisfacciones, incluso en estas condiciones de vida, es síntoma de buena salud. El poder disfrutar de las alegrías que da la vida, incluso cuando se está hasta arriba de deudas (díganselo a Rajoy, que lucha por rebajar la Deuda del Estado, “nuestra deuda”), es síntoma de que hay espíritu y vida!

Pero vayamos al razonamiento por reducción al absurdo para desmentir esta afirmación.

Vamos a ver qué pasaría si fuésemos extremistas:

¿Y si no sólo eliminamos el fútbol de nuestras “miserables vidas”, y si eliminamos también… los helados? Es que los helados nos evaden de nuestros problemas y son el “opio del pueblo”

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Y si eliminamos los pasteles? Es que los pasteles son el opio del pueblo!!!!!

¿y los buenos guisos?

¿y las cerezas?

¿El sexo? Sí. Quitemos el sexo, porque es el opio del pueblo!!!!

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¿Las risas? ¿Las sonrisas?

¿La amabilidad? La cordialidad?

Quitemos todo eso, que vuelve idiota al pueblo, que lo narcotiza, que los evade de sus problemas!!! Es el OPIO DEL PUEBLO!

 

¿Y si eliminamos todo aquello que nos hace DISFRUTAR porque tenemos un paro del 26% y un SMI paupérrimo (comparado con ¿¿Alemania??!!!!…)? Ale, debemos estar CASTIGADOS por parados!

 

Habría que poner un bando desde todos los innumerables municipios de España que rezara así:

 

“Desde HOY declaro el país en toque de queda de SONRISAS!

Prohibido sonreír desde las 09:00h a las 21:00h, por PARO NACIONAL y hasta nueva orden”.

 

El ruido es bueno para crear confusión

 

En España, nos gusta polemizar porque genera disputa, genera RUIDO. Es fácil dejarnos arrastrar por el RUIDO. Y el ruido genera más ruido y expande la sensación de malestar. Son instrumentos para generar una ciudadanía insatisfecha, molesta “a priori”, negativa en sus manifestaciones, fácil de manipular

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Y apena encontrar a personas que difunden estos mensajes. Son nocivos, son mensajes tóxicos. Envenenan a las personas y convierten a los individuos en seres que son incapaces de disfrutar cuando toca, que son aguafiestas “por naturaleza” y que saben encontrar la “excusa apropiada” para estropear el momento en que más se disfruta. Son la amargura personificada. Son la china en el zapato cuando se va descalzo. Son el pepito grillo de un discurso realizado a destiempo

 El deporte mueve la economía, mueve el dinero

La selección española de fútbol está formada por una élite de futbolistas millonarios. Pero también son personas que mueven corazones. No puedo encontrar ni en los más célebres discursos de Obama, otra fuente de motivación extrínseca más impactante y convincente que el conocer el resultado del equipo al que perteneces, para bien y para mal. Y detrás de todo esto hay un sinfín de variables psicológicas relativas a la identidad social, que explican claramente la conducta de la afición, en las que no pienso entrar hoy aquí. Lo que sí está claro es que el fútbol no representa ninguna nueva forma de “idiotizar” a los individuos, sino, que, muy al contrario, es un fenómeno con numerosos beneficios:

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Desde el punto de vista económico puede incluso venirnos muy bien (si hay buen juego del equipo).

Desde el p.v. social también viene bien: se hace piña, se refuerza la identidad social como nación.

Desde el p.v. emocional, si ganamos la gente estará más animada para cualquier cosa: para buscar trabajo, para emprender, para todo (incluso para tener hijos!!)

En definitiva, el fútbol nos beneficia más que nos perjudica

No entro en los salarios, ni en las primas por rendimiento, ni en los ingresos por patrocinio y publicidad de las marcas. No entro en lo escandalosamente bien pagados que están estos jugadores. No entro en las mafias que mueven cantidades ingentes de dinero, porque por encima de todo eso, lo único que importa es una cosa: GANAR! y sólo un jugador bien preparado gana (y aquí, es verdad que para preparar a un ganador se necesita dinero, pero hay algo que aquí es más importante que el dinero y es la valía).

“Los grandes campeones sólo se forjan con la persistencia en el esfuerzo”

Una técnica muy depurada, una mente muy enfocada en la meta, y una voluntad inquebrantable (lo suficiente como para seguir una ardua disciplina), son los ingredientes para forjar un ganador. Un corazón sencillo y sin dobleces, generan a un gran CAMPEÓN!

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Y las comparaciones son siempre odiosas

Hay quien piensa que la función del que golpea un balón con el pie es menos “trascendental” que la que puede tener un maestro con su alumno. Pues puede que tenga razón ó quizás no.

Hay quien piensa que esas funciones de los jugadores deportivos no son tan importantes como para ganar millones de euros anuales. Puede que tenga razón ó quizás no.

Pero. No somos nosotros quienes decidimos los salarios

… y NO somos nosotros quiénes para juzgar la relevancia de cada actividad

El fútbol, y los deportes, en general,  crean conciencia social, porque son capaces de crear emociones de unión de pueblos

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Desde aquí deseo muchos triunfos a la selección española de fútbol: no creo que rebajen la tasa de paro, ni aún ganando el mundial, ni creo que influyan mucho en la subida del SMI, pero, que nos quiten lo bailao y a vivir, que son dos días, que la tasa de paro ya la iremos bajando con otras medidas y lo del SMI está complicado de subir, pero, para eso están los milagros!!

 

* SMI = Salario Medio Interprofesional

 

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