Archivos Mensuales: abril 2015

Manifiesto de estabilidad emocional

Este es mi MANIFIESTO de salud emocional, y mi máxima de actuación:

“Me niego rotundamente a embrutecerme, a hacer caso de cuantas cosas (palabras, hechos) quieran envilecer mi alma, como consecuencia de mis reacciones ante ellas”

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Hubo un tiempo en que cualquier insinuación me habría hecho levantarme del asiento para iniciar una sangría, para lanzarme directa a la yugular y conseguir pulverizar a mis adversarios. Cualquier tiempo pasado fue peor

Ahora entiendo que, con cada reacción negativa, mi alma cambia un poquito a peor. Mi humor se amarga, y mis pensamientos se llenan de ira, y de cólera y esto me enferma poco a poco, como si fuera un cáncer en mis emociones

Y he decidido desterrar de mi vida todo aquello que me hace mal. No respondo a insinuaciones soeces, porque embrutecerían mi pensamiento acercándome un poco a aquellos que así las emiten. No respondo a hechos que no afectan a mi integridad. No lo hago porque he decidido que ante cualquier ataque físico es mejor llevar una adecuada protección, y por eso me protejo de todo aquel que quiera herirme de algún modo, y mi protección no se basa en el ataque sino en la prevención

Si yo atacara a quien pretende hacerme daño, machacaría al contrario, lo pulverizaría con la fuerza de la razón, con la fuerza de mi cuerpo, con la fuerza de la palabra, pero, con todo esto, estaría más cerca de quien osara intentarlo, y no quiero parecerme ni lo más mínimo a gente que hace daño… bastante tienen con ser así

 

Pero, ¿qué es lo que les lleva a otros a actuar dañando a sus semejantes, si con esto se vuelven más viles, más miserables?

En primer lugar, muchas personas no relacionan el estado de frustración, de infelicidad, de desequilibrio emocional, con sus propias actuaciones. No tienen esa capacidad de autoanálisis, lo que se conoce como autocrítica, y les echan la culpa a “otros”, y, por otro lado, y esto está en la base del psicoanálisis, se sabe que las personas tienen aversión a la auto-inculpación, por lo que tienen actitudes de evitación, de racionalización, de negación…

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En segundo lugar, las creencias que llevan a cometer este tipo de actos, son creencias primarias, y éstas se han hecho ya inconscientes: forman parte de la intimidad del sistema de valores de la persona, son sus “debo, puedo, tengo” más básicos que les obligan a actuar de la forma en que lo hacen. Es decir, la base de las conductas desadaptadas de las personas reside en su sistema de creencias. Éstas, las creencias, son las que “les obligan” a hacer las cosas que hacen

Pero, ¿cómo se sabe si la actuación es adecuada ó no?

Es fácil, el sistema de emociones de la persona es el que da el aviso. Si la actuación deja un estado de bienestar, de emociones positivas, es que es una actuación buena. Si deja un rastro de emociones de ansiedad, es que no ha sido una buena actuación. Y son precisamente esas emociones negativas las que enferman la mente de las personas

Si el sistema de emociones innato no ha sido transformado, como para convertir a la persona en un autómata, frío y sin sentimientos, en un psicópata, es perfectamente válido para determinar la bondad de las actuaciones.

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Sin embargo, el sistema de emociones innato también puede transformarse, y la persona, de este modo, puede evitar esas “malas sensaciones” que tiene cuando no hace lo adecuado, lo correcto. En ese caso, surge la psicopatía, porque la persona es capaz de justificar sus malas actuaciones sin tener el más mínimo signo de malestar que le avise de que lo que está haciendo está mal…

“Aléjate de las personas psicópatas, porque, de ellas, cualquier cosa se puede esperar”

Lo primero de todo: vigila tus metas

Se dice que las personas actúan de forma adecuada cuando esas actuaciones están de acuerdo con la meta que se persigue. Si la meta es lícita, y el estado psicológico es adecuado, las metas se consiguen.

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Hay ocasiones en que el estado psicológico no es el adecuado. Es ese estado lo que impide conseguir la meta. En estas ocasiones, son las creencias de la persona las que les llevan a actuar de forma contraria a la meta que se persigue, y como consecuencia se produce un estado de ansiedad y desasosiego. El alma se llena de amargura y soledad por la frustración que conlleva no conseguir aquello que se persigue, y esto puede llevar a que el individuo actúe de forma conflictiva, para sí mismo ó para el entorno

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Es evidente que el caso en que la meta es ilícita, conlleva malas actuaciones para la persona (y para su entorno), por definición. En este caso, es el propio individuo el que conoce cuáles son sus metas, y reconoce de antemano, que son, por sí mismas reprobables, por lo que el estado de ansiedad se produce incluso antes de haber realizado ninguna actuación

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Lo segundo: analiza cómo interpretas el entorno

Cada persona es un mundo. El afrontamiento que realizamos las personas ante una misma situación es diferente en cada individuo y depende de las condiciones del entorno.

Por ello, no es lo mismo la interpretación que realiza cada individuo de los datos que recibe, como tampoco lo es la manera en que los capta, lo que denominamos “atención”, ni tampoco es la misma manera en que reacciona, debido a que posee un aprendizaje previo diferente

Y volvemos al sistema de creencias: La interpretación de los acontecimientos del entorno viene dada por el sistema de creencias del individuo. Y en este aspecto, es importante conocer si las creencias están restringidas a un ámbito categórico absoluto, ó a un ámbito relativo.

Pongamos un ejemplo:
El chaval que ha suspendido las mates y se dice a sí mismo: “soy tonto” en lugar de decir “no se me dan tan bien las mates como la filosofía”
Ante la primera creencia poco se puede hacer y a la larga se produce lo que en Psicología se denomina “profecía autocumplida”, y ese alumno no aprobará más esa asignatura.
Sin embargo, ante la segunda creencia, sí se puede tener una actuación que arregle las cosas: “estudiaré más” ó “me esforzaré más”

Otro ejemplo:
El adulto obeso que ante una tarta de chocolate dice “tengo que probarla, tiene una pinta de estar riquísima, no debo, pero no puedo remediarlo” y pone la justificación, “además será sólo un poquito, es que tengo hambre, y me lo he ganado”
El “me lo he ganado” es una creencia absoluta difícil de modificar. Ese adulto siempre será obeso.
Sin embargo, si el sistema de creencias es otro más relativo sí se pueden cambiar las cosas.
“esa tarta tiene buena pinta, pero tiene tanto azúcar y tanta nata que me va a engordar muchísimo. Mejor me como un bombón de chocolate negro, ó un plátano, ó una galleta con el té, pues también tengo sed”
Aquí el sistema de creencias es más flexible y ya presenta una actuación adecuada.

Otro ejemplo:
La niña a la que se le hace bulling es víctima de las creencias absolutas de sus compañeras…
Desde la perspectiva de la niña: es inducida a pensar “soy un bicho raro, nadie me quiere…y por eso, me aislo”, en lugar de pensar “estas niñas parece que se meten conmigo más de la cuenta…voy a comentárselo a mis padres y profesores. Si no hay remedio, haré lo necesario para alejarme de esas niñas, incluso cambiaré de colegio porque no quiero estar con alguien que se comporta de esa manera”
Si esta niña reaccionara con violencia, devolviéndoles lo recibido, pagando con la misma moneda, estaría aprendiendo (por aprendizaje vicario) una mala conducta, aprendería a ser acosadora y podría llegar a acosar en un futuro. Es decir, se habría convertido en lo que son esas niñas que la acosan.

Desde la perspectiva de las niñas que la acosan: “esa niña es una petarda, gordita y fea, y llorona. Además saca buenas notas, es una asquerosa empollona. Se merece que le tratemos con desprecio” En lugar de “esa niña saca mejores notas que nosotras, hay que esforzarse más para superarla…y si no se puede, siempre hay niñas mejores y peores que nosotras”
En el primer caso, la creencia genera malestar entre las acosadoras. Les genera ansiedad y reaccionan acosándola. También genera malestar la propia actuación de denigrar y acosar a la otra niña (las niñas malas se vuelven aún más viles), pero genera malestar hasta que se justifica con un “se lo merece…”, que es justamente cuando las niñas acosadoras se deshumanizan y empiezan a demostrar una patología psicológica

En definitiva, es justamente el sistema de creencias el que provoca la conducta desadaptada y es justamente a través de él como se puede llegar a revertir la situación.

Con “sistema de creencias” también se me ocurre un último ejemplo ilustrativo muy a cuento de la Semana Santa. “La creencia en un Dios bueno que perdona los pecados a quien se arrepiente no es absoluta”. Es decir, no basta con decir “lo siento, he pecado, he hecho mal” y decirlo una vez (al día) y sentirse redimido de toda culpa. El cambio debe ser sincero, sino, flaco favor haría a quien no peca y menudo Dios sería, que tan fácil sería el engañarlo: un Dios que de tan bueno, es tonto,… sería un Dios en el que nadie podría creer.

Cualquier cambio en las creencias debe ser profundo, sino, no es posible el cambio en la conducta.

Y cuanto más rígida quiera ser la razón, más fácil será volver a caer en conductas desadaptadas, mayor será el malestar emocional que acarreen, y peores serán las consecuencias percibidas, lo que conllevará a un endurecimiento/recrudecimiento en la interpretación de los hechos, y lo que vuelve a implicar una mayor probabilidad de cometer conductas desadaptadas… etc, esto nos adentra en un círculo vicioso del que sólo se puede salir manteniendo unas posiciones flexibles en nuestro modo de pensar

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Sé agua…

En definitiva, la flexibilidad de nuestro sistema de creencias ha de ir encaminada no a la muda de un valor por otro, sino a una relativización de la forma en que interpretamos los acontecimientos que nos suceden para poder así actuar de forma adecuada a nuestros intereses, que no son otros que los de mantener un estado de bienestar emocional, y por ende, ser felices

Por eso, aquella máxima de Bruce Lee, que ya fue sacada de los libros de filosofía más antiguos es perfectamente válida

“Sé como el agua, amigo mío, sé como el agua: que los acontecimientos fluyan por ti superficialmente”

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Y por otro lado, el modo de actuación debe ir encaminado a la eficacia en los hechos, a propiciar el cambio de un sistema de creencias rígido, a un sistema que permita una interpretación más adecuada y flexible de los acontecimientos. Es decir, interpretar el hecho y no interpretar (descalificando) a las personas

“Actúa sobre los hechos para cambiar las situaciones de la vida, no actúes juzgando a las personas. La descalificación no es válida, salvo si es resultado de un análisis clínico… y hay pocos doctores de la vida”

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Todos estos conceptos, que son tan cotidianos, tan cercanos, tan del día a día, que han sido analizados y descritos desde tiempos muy antiguos, son los que se recogen en las técnicas de Terapia Racional-Emocional-Conductual (TREC), que allá por mediados del s. XX, un tal Albert Ellis desarrolló. Son técnicas encaminadas al cambio en el sistema de creencias de las personas que caen una y otra vez en conductas desadaptadas y que poseen un alto grado de ansiedad y escaso equilibrio emocional, pero esto es otra larga historia… que ya me está apasionando estudiar 😀 !

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