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La envidia es la religión de los mediocres

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Decía Dalí que las personas buscamos a otras para convertirnos, un poco, en meras copias. La verdad es que tiene razón, en parte. Es poco abundante la genialidad de lo auténtico. La explotación del talento natural de las personas ha perdido cierto interés para las fuerzas económicas, que prefieren meros soldados que puedan mover la pesada maquinaria de la sociedad de consumo, fieles servidores que cumplan las instrucciones de unos pocos, personas obedientes y con “escasas, pero suficientes” luces como para que se conformen con una vida rutinaria sin que hagan demasiadas preguntas.

Mediocres por conveniencia?

La sociedad de la mediocridad es un invento totalmente calculado que propicia hábitos de consumo homogéneos, estándares, maravillosamente estables como para complacer el ritmo de producción en masa, ése que ofrece los mayores y más cuantiosos beneficios.
Porque, reconozcámoslo, ¿qué sería de las multinacionales si cada consumidor fuese un mundo? Si cada individuo exigiera su individualidad en su consumo, impusiera sus preferencias únicas en su modo de demandar bienes “de consumo” al mercado? Se acabaría el chollo del mass-consumer, y pasaríamos a una venta más de nicho, y ya ni siquiera de nicho, sino de individuo único y particular, impensable esto último, tremendamente “inconveniente” para las grandes fuerzas del mercado
Y esta estrategia, pasa por la creación de homogeneidad. Pasa por la conversión en tabla rasa de las pequeñas peculiaridades de los individuos, empezando cuando son jóvenes y terminando cuando son ancianos cuando se les lleva, en masa a su hacinamiento en centros residenciales
Sin embargo, esta es un arma de doble filo.
La creación de sociedades mediocres lleva consigo la muerte de la creatividad de las personas y quieran que no, estas mismas personas son las que mueven, nuevamente, la economía, desde sus puestos de trabajo
En una sociedad hiper-dinámica, que también se ha adiestrado, a base del bombardeo de nuevos productos que fomentan el consumo (la novedad siempre es un buen aliciente para el fomento del consumo), los trabajadores de estas empresas están obligados a usar la creatividad para la creación de nuevos productos que vayan al mercado. Y, ¿qué esperan, si han creado una sociedad de mediocres?

Dos etapas: aprendizaje y desarrollo de la individualidad

Volviendo al concepto que tenía Dalí sobre las personas. Dalí confundió el proceso de aprendizaje con el proceso de desarrollo de la individualidad. El aprendizaje se realiza siempre basándonos en unos referentes

Sólo se aprende lo que ya está inventado…

Todos tenemos referentes en la vida: unos padres, unos profesores, unos compañeros de trabajo… ellos muestran una “forma de hacer las cosas” que marca, deja huella y luego el individuo trata de diferenciarse superando lo visto, ó simplemente, haciendo las cosas “a su manera
Una vez superado el proceso de aprendizaje, empieza la etapa de desarrollo de la individualidad: aquello que nos distingue del resto de las personas ha de aflorar, y si no aflora, por los motivos que sean, esa persona se convierte en un mediocre

La mediocridad siempre se esconde en los facsímiles

Los mediocres se conforman con copiar aquello que han aprendido, son meras copias, no producen ninguna mejora, no crean nada nuevo
Es en este punto donde se diferencian las personas, donde sacan lo que son, ó lo que están acostumbrados a ser (porque algunos han sido así adiestrados, adocenados, intelectualmente aplanados): algunos cambian a mejor, potenciando sus talentos, otros no

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Los que no cambian a mejor y son meras copias observan cómo unos pocos se diferencian de ellos en esa creatividad y establecen diferencias que ya no son sólo de grado, sino de cualidad. Por ello, y porque las comparaciones son odiosas, empiezan a generarse en ellos sentimientos de desigualdad y de injusticia. Surge la envidia

La envidia

La envidia es uno de esos males del alma que más daña al ser humano. Lo convierte en un ser envilecido, que no está a gusto dentro de su propia piel, porque la referencia con la que se mide la tiene fuera de sí mismo y en un punto tan elevado que ya le es difícil alcanzar.
La envidia es un sentimiento que pudre las entrañas, que impide el cambio, que paraliza la trayectoria de logros y de crecimiento del individuo: perciben la meta está tan alejada, que dejan de esforzarse porque es misión imposible alcanzarla
Por ello, es fácil distinguir a la persona que sufre de este mal. Sólo es necesario poner el oído y pararse a escuchar lo que dice la gente: si hablan de sí mismos, de sus logros, de sus proyectos futuros, son personas enfocadas en hacer algo por sí mismas, ó si hablan de “otros”, son personas que han dejado de crecer y empiezan a otear lo que hacen otros porque no hay más noticias que dar que ésas. Esta es la prueba de que existen dos caminos y dos tipos de personas

Sólo los mediocres envidian, porque ellos nunca serán objeto de ninguna envidia

La envidia surge de la incapacidad para imitar, bien por falta de recursos, bien por falta de espíritu, de coraje, de fuerzas para seguir esforzándose.

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Todo el mundo imita…es el proceso natural de aprendizaje, todo el mundo imita e intenta copiar a quien puede, pero a quien no puede, le envidia. Se puede decir que la envidia es consecuencia de una frustración mal asumida

Es una cuestión de personalidad?

Por otro lado, y esta ya es una cuestión de cómo afrontan los retos las personas, es decir, es una cuestión de personalidad y de cómo nuestros genes han sido recombinados para ser quienes somos, hay varios tipos de personas, de ellas las de mayor interés son: las que toman el camino del logro, cuyo máximo interés es el que ir labrando camino, y la gente que busca la aprobación a toda costa, ya sea por méritos propios (es decir, porque se lo ganan a pulso), ó ya sea por un intento infructuoso de restar méritos al contrario.

La estrategia de restar méritos al contrario es propia de la gente envidiosa. Sin embargo, es baldío el esfuerzo: ellos son los primeros en hacer propaganda de su objetivo de envidia… “háblese de mí, aunque sea mal”, y no se dan cuenta de que los méritos estarán siempre ahí, por muchos que sean los bulos que se intenten inventar.
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Es una cuestión de toxicidad
La del envidioso es una estrategia que lo único que consigue es relanzar a su máximo “enemigo”, mientras que les convierten en personas chismosas, que hablan mal de otras personas. De los chismosos hay que escapar porque quién sabe lo que dirán de nosotros al no estar presentes…

Ruinosa vida, la de los envidiosos. Ay! tener vida para sufrirla…¡qué desperdicio! Estos desencantados de la vida, se alegran de las desgracias ajenas en lugar de arreglar las suyas propias. Son tan pobres, que por no tener, no tienen ni dos dedos de frente… se convierten en necios, pero por voluntad propia

Y de la gente envidiosa hay que huir porque son tóxicas, sufren, y transmiten sensaciones de ansiedad. Destilan infelicidad al no estar conformes consigo mismos. Su reacción de malestar se reduce al poner la cabeza, de quien las escucha, como un “bombo” ya que han renunciado a cualquier tipo de mejora en sus propias personas y se conforman con del desquite verbal de una realidad inventada

La felicidad es otra cosa

La felicidad se esconde en los silencios de la gente de bien

Hay que dar gracias a Dios cuando te rodeas de personas que han encontrado su propio camino, que son auténticas, que miran hacia su propio caminar y que no están a la espera y al acecho, sino siempre en proceso de mejora. Ésas son un buen referente a quien mirar, son una buena referencia a quien imitar porque lo único que enseñan es el camino de la autoperfección

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Hacia el cambio social desde el individuo

McClelland

“Actualmente, ni reyes ni gobernantes pueden convertirse en ejemplo de comportamiento de sus súbditos y conciudadanos”

Los pilares de comportamiento de las personas los forjamos con el aprendizaje, aunque “de base” tengamos todos algo en común: una subconsciencia a la que ninguno de los grandes padres de la psicología pudieron/quisieron renunciar. Así, ni Wundt, ni Freud ni James se sumaron a las corrientes “reduccionistas” que consideraban que la conducta provocada por la mente humana era únicamente un conjunto de consecuencias de causas fisiológicas. De esta manera dejan abierto el estudio del controvertido tema del subconsciente humano, consiguiendo no desvincular la psicología (estudio del “alma”) de la filosofía, evitando convertirla en una mera ciencia de los procesos mentales elementales

Lo que no han podido aún determinar es el proceso en el que tu propia alma se corrompe porque es un proceso que es específico e inherente a cada ser humano. En la mayoría de los casos bastará con una suma suficiente de dinero y de riquezas. Ambos facilitan la vida y son poderosas armas para transformar el alma inocente e innata de una persona porque atacan a la línea de mayor vulnerabilidad del ser humano: su “tendencia hacia un comportamiento codicioso”

Somos seres que nos movemos por motivaciones, en una de las últimas teorías propuestas sobre la motivación de la conducta humana, Mc Clelland, a mediados del siglo XX, establecía tres tipos de necesidades: logro, poder y afiliación. Pues bien, nuestro cerebro funciona, según él, para satisfacer esta terna de necesidades de una manera ponderada y sesgada y la combinación es individual de cada ser humano

En la mayoría de las personas existe la predominancia de la motivación de poder. Lo que conlleva una necesidad de influencia y de búsqueda de estatus social, que muchas veces, son conseguidos a través de un alto nivel adquisitivo. Es más fácil y rápido conseguir esta influencia a base de “comprar” títulos

La motivación de afiliación tiene en cuenta nuestras necesidades sociales. Aquí también el disponer de un nivel alto de poder adquisitivo ayuda en la satisfacción rápida de esta necesidad. Es muy fácil “comprar” amigos

Sin embargo la motivación de logro es relativamente complicada de encontrar en las personas. En ella se tiene en cuenta la necesidad de superación de retos personales, la recompensa no estriba en la consecución del premio final sino en el mismo hecho de haberlo conseguido. Es la mentalidad que tienen las personas orientadas a resultados, emprendedores y gerentes de negocio, aquellas personas que “lo hacen posible”

Lejos de la búsqueda del “dinero”, que nos permite conseguir una posición de influencia en nuestro entorno, lejos de buscar a ultranza el agradar a las masas, gracias a la compra masiva de votos, nuestra tendencia debería ser la de orientarnos a la búsqueda de la superación personal. Si trasladamos esta tendencia al contexto de la dramática situación de desempleo en la que estamos en nuestro país, deberíamos ser capaces de encontrar nuevas fórmulas ingeniosas de ocupación, tanto desde el lado del empleador como del lado del empleado. El objetivo del mercado económico, llámenme utópica, ya no debería seguir siendo el de conseguir una abultada cuenta de resultados, que se traduce un ratios financieros aceptables (EBITDA, ROI, etc), sino el de conseguir ratios de ocupación óptimos, que maximicen el beneficio social obtenido a través del beneficio en el mercado laboral (no del mercado financiero)

En una situación como la que estamos viviendo, es necesario que cambiemos nuestras pautas de motivación para reorientar nuestro comportamiento hacia la superación personal, tanto de empresarios como de trabajadores, con un planteamiento único, individual e intransferible de objetivos de logro. El de unos, consiguiendo maximizar resultados expresados en beneficios sociales y el de otros consiguiendo maximizar su potencial de ocupación aportando un nivel y calidad de trabajo que rocen la excelencia

No es sólo una cuestión de Responsabilidad Social (Individual y Corporativa) sino el asunto trasciende a la modificación de nuestros patrones mentales de comportamiento, que no son otros que las motivaciones básicas que hacen que nuestro caminar sea el que es

Redefinir nuestros patrones de comportamiento nos proporciona nuevos puntos de vista que abren nuevos horizontes en la ocupación de las personas. Debemos ser capaces de conseguir un verdadero cambio social, desde el individuo, desde el YO para ser capaces de afrontar los nuevos retos que el contexto social y económico nos obliga a tomar

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