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Y por fin, triunfó el del pacto

Me hace mucha gracia la que se ha montado sobre la segunda reforma de la Constitución Española (CE), y en tiempos de crisis. Me hace gracia porque para lograrse era obligatorio un pacto. Me hace gracia porque es de gran calado, la CE no se ha cambiado nunca, salvo en 1992 en el tratado de Maastricht. Me hace gracia porque se hace sin concesiones, sin pedir nada a cambio, en el último minuto del partido y aparentemente el chupinazo no tiene fuelle ni para tronar. Me hace gracia porque la ha propuesto el Sr. Pacto que se ha pasado los años de legislatura haciendo lo que le salía del bolo, sin escuchar y sin pactar con nadie, y que ahora, en el minuto final del partido, lo propone para meter un gol y van y le dejan la portería libre.

¡Inaudito!, si me lo cuentan diría que es mentira y que estoy soñando

Es curioso cómo se han desarrollado las cosas. Hagamos moviola, pero antes debemos recalcar el objetivo de este cambio que afecta ni más ni menos que a nuestra Carta Magna.

El objetivo es imponer un techo, un límite al endeudamiento del Estado, que repercutirá directamente en el gasto público, y ya no en sólo en tiempos de crisis, sino en cualquier contexto. Esto obligará a actuar a los gobiernos siguiendo los principios de eficiencia y economía en materia de gasto público que ya vienen especificados en la propia constitución (art. 31 Título I. Derechos y Deberes). Quien no entendió estos principios, tan lógicos que cualquier familia aplica ya en su economía doméstica, se ha atrevido a solicitar la inclusión de una cláusula específica que mencione que hay que gastar con sensatez, sin endeudarse hasta “la ceja” y menos aún cuando los ingresos no van a poder soportar dicho endeudamiento. Vamos, que en caso de enajenación mental por parte de nuestros gobernantes habrá una forma constitucional de “pararles los pies”

Lo cierto es que últimamente la Constitución se ha convertido en el libro de hojas amarilleadas por falta de uso, en una referencia que se evita según los criterios de “competencia” ó de adecuación ó de conveniencia que tanto se han aplicado últimamente sobre todo en materia de Partidos Políticos y lo descrito en el art. 22.

Es una medida, ésta de la inclusión de la cláusula, sobre la que se me ocurre, podría tener varias lecturas, a tenor de a quiénes favorece:

  1. Es una señal que se da a los mercados del sometimiento del gobierno español a las directrices europeas, sobre todo en lo que se refiere a materia económica. La constitución alemana tiene dicha cláusula. Estos alemanes ya en el año 1949 incluyeron la cláusula del límite de endeudamiento en su artículo 111, con un tope numérico del 25% del Presupuesto del año anterior. Pues bien, nuestra deuda ya en el 2007 era del 36,2% del PIB y ha ido aumentándose de forma escandalosa hasta alcanzar la actual cifra del 74,3 % del PIB para el 2012. Quizás los alemanes conocen bien hasta qué punto puede llegar la naturaleza humana
  2. Es una última medalla como colofón a un gobierno de directrices económicas disparatas. Un último gesto de nuestro presidente que difícilmente podría salvarle del título de “peor presidente de la democracia española”, es, se me antoja, un salvavidas para que los paisanos leoneses, con los que se codeará en su retiro, puedan volver a dirigirle la palabra sin apartar la mirada
  3. Es un arma en la que el gobierno psocialista ha conseguido pactar  y doblegar al partido contrario, sin que éste haya torcido siquiera el gesto, con una sumisión y rendición totales e insólitas, que, en aguas revueltas, y tratándose de temas políticos, donde hay que ir con el machete en la boca, es una concesión cuando menos un tanto inverosímil e imprudente, al menos, desde mi punto de vista

Estando en las barbas de Rajoy, yo le habría pedido, al Señor Zapatero, al menos que me invitara a un café, de esos de 0,6€. Hay quien se vende barato, vaya. O quizás y siendo un poco más inteligente y pensando en el bien de España, habría pedido las elecciones anticipadas para pasado mañana, en una dimisión express y fulminante. Si tenía prisa para modificar algo que no se ha tocado en décadas, figúrense la prisa y la necesidad que tiene España de un cambio en las estrategias económicas, porque hay quien no tiene ni para poner un plato de comida en la mesa

No obstante, sea bienvenido el cambio. Nunca se sabe en manos de quién estaremos gobernados, y si, como dicen, el poder corrompe incluso al más bendito, pues eso, que medidas como estas no falten, pero, eso sí, que se incluyan también mecanismos de control de su cumplimiento, de esos que sean independientes y autónomos pero de los de verdad…

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