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Un día especial

Hoy es un día especial, y no me pregunten por qué, porque sencillamente, no lo sé.

Para hoy tenía previsto una mañana tranquila, de misa, paseo y estudio. Desde hace una semana, tenía planeado ir al templo de Santa María Auxiliadora, porque lo había prometido y era momento de ir.

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Santa María Auxiliadora, patrona de todas mis andanzas y proyectos

Al llegar allí, el templo me pareció moderno y acogedor. Era de esos nuevos que construyen con ladrillo cara vista. El salón semi-ovalado, estaba apenas ornamentado con una imagen escultural de la Santísima Virgen, de pies desnudos, con el niño y una cruz desnuda al lado. En un lateral habían habilitado una pecera de oración que daba a un lucernario lleno de plantas que crecían bien cuidadas.

En el lateral opuesto una zona para el coro, llena de instrumentos musicales.

La primera sorpresa fue que la hora prevista para la misa, me dejaba de margen 30 preciosos minutos para curiosear por los alrededores.

Me encontré con que la parroquia estaba integrada dentro de un recinto vallado. Los salesianos de Don Bosco hacen una labor de acogida e integración de chavales con problemas y por ello, las instalaciones tienen varios edificios colindantes. En la parte trasera, hay un campo de juegos, que da a un campo de fútbol donde varios equipos entrenaban para el partido. Estaba todo bien cuidado: los chavales con uniformes reglamentarios, y balones para cada uno, entrenadores de fútbol, vestuarios, etc

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Son muchas las organizaciones que ofrecen apoyo para la integración y el desarrollo infantil

Al mirar a los chavales y a sus padres hablando en corrillos ó animando a los chicos, me sentí como parte integrante del lugar, como si fuera una mamá más, sin destacar entre toda la gente.

Empecé a observar el desempeño de los chavales en el partido que acababa de empezar y noté que en uno de los equipos había una chica alta, al menos más alta que sus compañeros. Entre ellos había niños de diferentes alturas, pero todos caracterizados por una misma actitud común: la del arrojo y falta de miedo, la del ímpetu incondicional, la del afrontamiento de la situación sin remilgos, ya que a la hora de entrar en el juego e ir a buscar ó defender el balón lo hacían como si no les importara el daño que fuesen a recibir. Es interesante, porque la actitud inicial de la niña no era la misma. La niña despreció el balón cuando le vino de frente, al pecho, en un par de ocasiones, y prefería posiciones más defensivas que de ataque.

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Las niñas suelen tener tendencia a la seguridad, a la autoprotección, los niños suelen tener tendencia a la acción y al ímpetu

Es completamente normal, pensé. Las niñas nacemos así. Existe cierta predisposición genética que diferencia nuestros comportamientos. Somos todos diferentes. Dentro de los arquetipos generales de humanos, dentro del conjunto de propiedades comunes de la clasificación inicial de “infantes”, dentro de los comportamientos genéricos de la subclasificación de niño/niña, siempre podemos llegar a una clasificación que engloba exclusivamente al individuo. El individuo y sus circunstancias.

Pero, insisto, no hay por qué acusar a nadie de “clasista”, los niños todos, tienen pene, y las niñas, todas, no lo tienen. Y esto marca una diferenciación general que abarca todo el espectro de hormonas características, de masa muscular, de capacidad craneal, de estructuración pragmática de los esquemas mentales que, sin duda, ya marca una diferencia inicial debida al “género”.

La diferencia existe, oiga, se ponga como se ponga.

Las buenas noticias son que un individuo puede luchar contra lo que natura le ha dado y puede vencer su tendencia natural y lograr revertirla para bien (ó para mal)

Hay buenas jugadoras de fútbol, hay mujeres que se meten en la mina ó que hacen trabajos que “tradicionalmente” están destinados a los hombres. No son “lo suyo”, y perdone, pero se han tenido que esforzar, mucho no, muchísimo, para vencer sus características propias y naturales, para poder ponerse al nivel de los hombres. No todas las mujeres tienen ese interés, no todas lo logran incluso si lo intentan. Sólo algunas son capaces de conseguirlo, gracias a su esfuerzo y mérito. Y ahora no me venga con el cuento de que la sociedad está “hecha asi” porque es una sociedad machista y bla bla bla.

La sociedad está hecha así, porque las capacidades naturales están hechas así, y sino, pregunte por ahí si algún hombre ha podido dar a luz, ó si hay muchos hombres con la misma “destreza” que una mujer para la gimnasia rítmica, ó para la enseñanza de párvulos, ó para el cuidado de ancianos (los hay, pero no hay muchos, verdad?)

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No todos estamos predispuestos a hacer todos los tipos de trabajo… Consulta en http://www.tuprofesion.es para averiguar qué tipos de profesiones son las más adecuadas para tu modo de ser

Admiro a aquellas personas que son capaces de vencer sus propias limitaciones. Limitaciones dadas por su propia condición natural de género, ó limitaciones dadas por otro tipo de circunstancias ajenas ó propias.

Admiro a las personas que son capaces de superarse a sí mismas, que logran sobreponerse a sus propias limitaciones y logran dejar atrás aquellos defectos que los limitan.

Volviendo a los niños del partido de fútbol. Estos niños están luchando por hacerse un hueco en la sociedad. Se han despertado temprano para poder jugar en su equipo. Es probable que tengan que entrenar entresemana y que tengan que hacer un sobre esfuerzo por llegar a todo, y todo es “todo”: aprobar asignaturas, salir a jugar con los amigos, ver la tele, ir con los padres de compras ó de fin de semana, dormir, descansar, comer, pensar, divertirse, etc. Estoy segura de que son niños obedientes, de los que cualquier padre ó madre estaría orgulloso, estoy segura de que sus padres son como todos los padres, de los que esperan que sus hijos contribuyan a que esta sociedad sea una sociedad mejor, más justa, con mayores recursos para todos. Viéndoles, estoy convencida de que sus padres pondrán la mano en el fuego por ellos, y podrían asegurar que se van a dejar la piel para que ellos, cuando crezcan, y los suyos, salgan adelante, por muchas dificultades que existan

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Mirando a los niños jugando en el campo, perfectamente adiestrados, perfectamente integrados en el equipo, me ha venido a la mente la imagen de los nuevos parlamentarios.

SESIÓN CONSTITUTIVA EN EL CONGRESO

Algunos nuevos parlamentarios no tienen pinta de haberse esforzado mucho en su infancia. Algunos no han pasado ni por la universidad. Algunos no tienen tiempo ó ganas de dedicarse a su propio aseo personal. Algunos parece que su único mérito ha sido tener la capacidad de meter bulla, de pegar a las personas a las que la sociedad paga para que nos libre de los maleantes y delincuentes. Algunos incluso han recibido el encargo, infructuoso, de formar a nuestros hijos, para que tengan una mentalidad abierta y crítica, para que sean capaces de usar el cerebro y la palabra para poder argumentar correctamente sus ideales, y lo único que han conseguido es lograr unos universitarios irreverentes, incapaces de escuchar en silencio un discurso que no está de acuerdo con la doctrina que les han inculcado

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Pancarta Universidad Complutense de Madrid

Es realmente parajódico que estas personas que no se han esforzado en su vida, por los motivos que sean, sean ahora los que deban dar lecciones a nuestros hijos de lo que es el esfuerzo, de lo que es “servir a la sociedad”, de lo que es el “concepto del bien y el mal”.

 

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Mujeres proabortistas interrumpen el congreso

Es realmente alucinante que estas personas que en su día tuvieron la oportunidad, desaprovechada, de demostrar lo integradas que estaban en la sociedad, de lo interesadas que estaban por contribuir con algo bueno a la misma, de lo “mucho” que se dejaron la piel por “aportar su granito de arena dando algo bueno a todo el colectivo”, tengan ahora que decidir y dictaminar con normas y leyes qué es lo que se espera del ciudadano, de los jóvenes, y de los adultos. Es decir, es realmente increíble que ahora tengan la potestad de decidir ellos, qué tipo de aporte, de qué manera, con qué cuantía, en qué tiempos, con qué costes, el ciudadano debe rendir cuentas al resto de sus conciudadanos

Y lo que es más interesante, es completamente impactante, que estos parlamentarios, hayan sido elegidos, voluntariamente, premeditadamente, conscientemente, por parte de otros ciudadanos que conocían perfectamente que sus ideas pasaban por la desintegración y fragmentación de la sociedad que pretenden representar

Pues bien, estando donde estamos, y en un ejercicio enorme de autocontrol y autodominio, se hace necesario decir que si es voluntad del pueblo, que así sea. Aunque el riesgo exista. Aunque las consecuencias sean nefastas, si “esto sale mal”. Aunque las medidas para la prevención de catástrofes siempre sean mejores que las medidas para la corrección de las mismas. Es voluntad del pueblo y es necesario decir “aceptamos barco”, en definitiva.

Y por otra parte, me alegro, porque estas personas tienen la asombrosa “segunda oportunidad” de demostrar que pueden aportar algo bueno al colectivo. En sus manos está.

Si bien en su juventud ó en su infancia no hicieron gran cosa por integrarse en la sociedad que les dio todas las oportunidades para ello, si bien, por las circunstancias que fueran, no aportaron gran cosa, ni juicio, ni beneficio, a todo el colectivo, sino que estaban en el momento adecuado y en el sitio justo, apoyando a una “amplia” minoría, y digo amplia por lo amplio de sus esfuerzos por hacerse notar, si bien los métodos que utilizaron no fueron métodos que permitían hacer entrever su valía intelectual, sino la valía de la fuerza, ESTA VEZ, podría ser “la vez” en la que poder demostrar que verdaderamente les importa el bienestar de todo el colectivo y demostrar que valen para algo bueno

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Es el momento de demostrar la veracidad de sus intenciones, sin alharacas, sin imposturas, sin niños y afectos sobrevenidos, sin farsas, sin telones ni circos, sin gritos, insultos, ni ceños fruncidos

Veamos qué traen, veamos qué de bueno traen. Nosotros sólo podemos decir que estaremos observando, que de ellos depende que esto no sea, de nuevo, un verdadero, y absoluto FRAUDE (porque ay, ay, si esto es un fraude, no habrá ninguna oficina del consumidor a la que poderse quejar)

 

NOTA A PIE DE PÁGINA. Hoy me he estrenado como “lectora”… de la lectura del oficio religioso. Me ha tocado leer la primera carta de San Pablo a los Corintios.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,4-11):

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu;

hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor;
y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu.
Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar.
A otro, distinguir los buenos y malos espíritus.
A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas.
El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

 

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La era del cambio II. El jardín de tu infancia

     Tranquila, sentada en su mecedora de pino, observa a los dos pequeños corretear de un lado al otro del jardín. Tiene puesta la radio y se escucha música tranquila que llena el ambiente, pero que no logra mitigar los gritos y las risas,  de los más pequeños.

Descalzos, sobre la hierba, juegan al pilla-pilla. No tienen prisa por acabar, se diría que el objetivo no es ponerse como perseguidor, ó como perseguido, sino, simplemente estar allí, jugando. Se turnan, hacen que se enfadan, se vuelven a reír, y así entran en una espiral interminable que les lleva de un juego a otro.

Les observa, mitad atenta, mitad distraída, mitad seria, mitad embelesada por la facilidad con la que juegan los niños, ajenos de todos los problemas que hay alrededor. Piensa que cuando sean mayores ya no podrán jugar a esos juegos, estarán pendientes del pago de la  hipoteca, de la matrícula de los colegios, de los libros y cuadernos, de los uniformes y de las mil y una facturas que se acumulan mensualmente en su buzón. Y sin embargo, y después de un rato, sentada en su posición privilegiada del porche del jardín, goza mirando.

Por un segundo vuelve a ser la niña que en su día fue. Rememora los días del colegio, cuando las hermanas la reñían por hablar con sus compañeras en la clase, cuando tenía las piernas llenas de cardenales de tanto caerse y golpearse, cuando jugaba a la comba y saltaba hasta reventarse. Rememora aquellos días en los que los anhelos estaban a flor de piel, aquella época en que los sueños no eran imposibles  y en que la máxima preocupación era hacer los deberes antes de irse a cenar.

Magnificamos nuestro quehacer, lo hacemos difícil de solemnidad. Magnificamos los resultados, sean cuales sean, y si no son como lo que deseamos, entramos en depresión y en barrena, como el avión de papel que lanzamos desde la ventana al patio, como la mosca que tropieza con el cristal transparente, como la peonza mal lanzada…, se nos olvidó que hay borrador que borra boli, y que sino hay tippex, que lo tapa y lo arregla todo.

Se nos olvidó cómo divertirnos, aunque fuese a costa de hacernos un chichón. Se nos olvidó que si no sabemos jugar, se aprende cómo; se nos olvidó que era tan fácil como preguntar a otro niño si quiere jugar para dejar de estar solos; se nos olvidó que los deberes hay que hacerlos a tiempo, porque sino viene alguien y nos castiga y que la disciplina es buena porque crea hábitos saludables. Se nos olvidó que existe el respeto por la autoridad y por las personas en general, y que los modales son importantes porque son un reflejo de ese respeto y consideración; se nos olvidó que el faltar a la verdad conlleva más problemas que beneficios.

Se nos olvidó que no hemos dejado de ser niños, por el mero hecho de ser adultos

Sí, es verdad, nuestros juegos han cambiado, pero ¿por qué habría de cambiar nuestra actitud?

La era del cambio I. La sociedad sin prejuicios

No hace demasiado tiempo que nuestro pensamiento sobre el mundo físico estaba basado en teorías geocentristas. En aquella época una de las hipótesis más extendida era creer que el Sol giraba a nuestro alrededor.

Pasaron muchos siglos antes de que Copérnico, aquél polaco que en el siglo XVI propuso la primera teoría heliocentrista, manifestara que no éramos el centro y el origen del Universo, sino tan sólo un planeta más girando alrededor de su astro rey.

Si bien las cosas en sí mismas no habían cambiado, el cambio de concepto, el convertirse de la noche al día en un minúsculo eslabón, en una pequeñísima parte del total, y dejar de ser el protagonista de todo el tinglao, causó una verdadera conmoción.

Quizás nuestro cerebro sea un tanto egoísta, y nos pone a nosotros en primera persona,  como centro de nuestra existencia. Es un concepto básico, primitivo, si me lo permiten, cargado de razones fundamentales, porque no hay nada más básico y fundamental que la supervivencia.

O es más probable que nuestro cerebro funcione así, “de fábrica” y rellene esos vacíos de información, esas lagunas insondables que tenemos al albergar una cuestión sin resolver, esos espacios de dudas que surgen cuando “tenemos algo entre manos”, con el contenido que más nos favorece, ó quién sabe si con el que más nos aterra.

Pero aunque nos hemos alejado lo suficiente de la época de los taparrabos, y ya vestimos más elegantes, nuestro mundo sigue siendo egocentrista y prejuicioso… será que hay cosas que nunca cambian… yo, sencillamente, creo que no

Todo evoluciona.

Deberíamos avanzar hacia un pensamiento vacío de prejuicios, deberíamos reprogramar nuestro modo de pensar, sacudirnos los tabúes, las malas experiencias del pasado, las enseñanzas rancias y caminar con alforjas más ligeras.

Quizás si dejáramos de pensar bajo las pautas dadas por un modelo basado en hipótesis a las que nos aferramos como si fueran tablas de salvación ó cimientos de nuestros pasos, podríamos no ya ser peatones de la vida, sino corredores de fórmula 1. Quizás las hipótesis no sean el problema sino el modo en que nos agarramos a ellas.

Quizás si actuáramos como si no tuviéramos nada aprendido, sorprendiéndonos de los acontecimientos como si fuera la primera vez en la vida que los viésemos, quizás y sólo entonces, encontraríamos fórmulas nuevas para resolver problemas viejos.

Quizás si le diéramos una repensada a esas hipótesis de trabajo, y las echáramos al cubo de la basura para que no nos condicionaran, quizás y sólo entonces, nos daríamos cuenta de que las cosas no eran como pensábamos.

Bienvenido a un mundo nuevo en el que todo cabe. Podemos ser tan grandes como lo que queramos ser.

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