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El parque antivandalismo

Recientemente, una noticia me ha llamado la atención. El ayuntamiento ha decidido inaugurar un parque. ¿y qué tiene esto de especial, dirán Uds?  Lo cierto es que es un parque que se parece a la mayoría de los parques, con sus paseos, sus jardines y sus árboles. Pero es un parque especial, y lo es por estar cerca de un cementerio, porque es inmenso, y también porque lleva el apelativo de “antivandalismo”.  ¿y por qué es antivandalismo? Porque no está dotado ni de papeleras, ni de farolas, ni de bancos que puedan ser objeto de actos vandálicos. La noticia me conmocionó por la radicalidad  y el extremismo de la medida. Esto es como si para evitar la gula te quitaran el estómago (ahora que lo pienso, esto ya se hace…). O es como si para evitar abortos se promoviera la esterilización de los hombres/mujeres (esto también se hace, caramba!), ó si para evitar la holgazanería se decidiera eliminar las camas de todos los hogares españoles…

En definitiva, es muy alta la cota de vandalismo a la que se está llegando. Hace un par de días fueron decapitadas las tallas de una Iglesia de la provincia de Burgos. ¿y por qué? Quién sabe, sin duda es una mezcla de diversión, afán de protagonismo y asimilación de consignas mal ideadas. Sin embargo, no es más que la prueba del 9, de que algo anda mal en esta sociedad. Últimamente, se me antoja que las brújulas han perdido el Norte natural de las cosas. Quizás sea el efecto del cambio de polaridad de los polos magnéticos de la Tierra, lo que nos hace recordar las historias de alarmistas sobre los futuros desastres a los que seremos sometidos en  Diciembre de 2012, Dios no lo quiera

Lo cierto es que últimamente se ha perdido la conciencia del significado de lo que es público. Público es todo aquello que “comparto” con otros, y, a diferencia de lo que piensan algunos, no es que sea “de todos”, sino que realmente “no es propiedad de nadie”. Todos hacemos uso del bien, de forma universal, y por ello es obligado su uso  “sostenible”. Esto implica, que el uso debe ser tal que no deteriore el bien en sí y que perdure en el tiempo. La confusión nace por el hecho de confundir la libertad con el libertinaje. Sí, todos podemos hacer uso del bien y tenemos la libertad de hacerlo de la manera en que nos salga de los mismísimos. Hasta ahí, de acuerdo. Pero esa “manera” tiene un límite. Ese límite es el límite de la “conservación del bien”. Las papeleras las pueden llenar de mierda hasta arriba, pero de ahí a llenarlas de objetos en llamas va un largo trecho. Las farolas tienen un uso, no está permitido despojarlas de ese uso y cambiarlo por el de una diana. Y el mobiliario ya tiene una estética cuidada, como para andar cambiando el estilo con nuevos y pintorescos colores

En definitiva, el patrimonio público, bienes como el mobiliario urbano, el aire, el suelo, el agua y los servicios públicos (sanidad, policía, etc) están a nuestro alcance para un USO, no para exigir la propiedad de una parte infinitesimal que “me corresponde” y destruirla por impulso. Y ese USO debe implicar la conservación del bien, para que pueda usarlo yo y todos los conciudadanos, por mucho tiempo

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